El modelo educativo de la reforma

Raúl Rodríguez Cortés

Las movilizaciones de maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y de algunas secciones del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) están muy lejos de haber sido frenadas con el desalojo del contingente magisterial que durante seis horas mantuvo bloqueada la Autopista del Sol el viernes 5 de abril pasado.

El repliegue de manifestantes y la liberación de la importante vía de comunicación a la altura de Chilpancingo estuvo a cargo de la Policía Federal en un operativo considerado básicamente limpio: cinco detenidos y cuatro personas levemente heridas.

Opinión similar puede hacerse extensiva a otros niveles de autoridad. Veamos: la reforma educativa (se esté o no de acuerdo con ella) ya es una norma constitucional por lo que el gobierno federal debe velar su cumplimiento; en tanto que los maestros opositores están en su derecho de rechazarla (aun conscientes de que al hacerlo actúan contra la ley) porque ni siquiera fueron consultados al respecto aun siendo actores centrales del cambio educativo pretendido.

De manera que así como no es digno de aplauso que el presidente Enrique Peña Nieto diga que estuvo al tanto de las acciones que se tomaron en la Autopista del Sol, que asuma el costo del uso de la fuerza contra los docentes y que advierta que la ley no se negocia; tampoco es creíble que los maestros denuncien que fueron brutalmente reprimidos por ejercer sus derechos.

El asunto, pues, está trabado y sin solución. Las posiciones son encontradas. Nadie, por lo demás, puede estar en contra de dos de las ideas básicas de la reforma educativa: la recuperación de la rectoría del Estado y la mejoría de la calidad de nuestra educación.

La rectoría del Estado debe garantizar, entre muchas otras cosas, que nuestros hijos no se queden sin clases por asuntos extraescolares, y que quienes cumplen la delicada tarea de educarlos tengan el mejor nivel posible.

Pero esa válida exigencia no autoriza al Estado a ignorar o hacer a un lado a docentes que (lo creo sinceramente) no se oponen a ser evaluados sino a las formas no precisadas aún de la manera en que se pretende hacerlo.

Quizás podría lograrse un justo medio en el modelo de educación que se busca para el país, pero eso debió hablarse y discutirse antes de proceder a un reforma que, por lo visto, no es producto de consultas desde la base sino de acuerdos cupulares que incluso cuestionan la representatividad de diputados y senadores.

Se están pagando pues los platos rotos y es preocupante que un riesgo similar se corra con otras reformas por venir, si es que, como parece, se sacan mediante el acuerdo cupular llamado Pacto por México.

 

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@RaulRodriguezC