El conflicto magisterial
Jorge Carrillo Olea
Hay enojo, reprobación, indignación. Es imposible una justificación a los actos magisteriales. Los métodos de los maestros y campesinos, son sencillamente indefendibles. No obstante, en lo que se está reflexionando poco es que lo que estamos viviendo no son algaradas más o menos temporaleras que habría que capotear. Son algo más, mucho más: son polvos de aquellos lodos, vestigios de décadas de un atroz autoritarismo y corrupción iniciadas, auspiciadas y alimentadas por muchos regímenes federales y con raíces en el porfiriato.
El período que fue el del cambio de aires definitivo a favor de una dirigencia llamada “charra” y que resultó el más represivo fue el de López Mateos. Durante su administración, hubo la huelga más larga y general en lo que iba del siglo. El gobierno la reprimió con terrible dureza. Apoyó a la disidencia sindical unificándola en el SNTE. Se terminó la huelga, el gobierno entrega el primer paquete de privilegios por manos nada menos que del eminente Jaime Torres Bodet, secretario de Educación, creador del Plan de Once Años para resolver el problema de la educación primaria y quien fue director general de la UNESCO.
Sin más expresiones huelguísticas significativas, después de Othón Salazar el líder huelguista, contestatario, sedicioso y marxista, que así se le veía, el SNTE se concretó como un sindicato al servicio del gobierno. Se sucedieron amparados por los regímenes los grupos de Jesús Robles Martínez, Manuel Sánchez Vite, Rafael Ochoa, Carlos Jonguitud Barrios, Elba Esther Gordillo y otros más. Joyas de este calibre fueron la mano que vía corrupción y represión, manipuló a los maestros durante las décadas precedentes.
Un resultado de ello fue el surgimiento en 1979 de la disidencia que conjuntó a los ideólogos más duros del othonismo, el movimiento rebelde. Su vocación marxista y los agravios de décadas fueron el fértil campo de cultivo. La dirigencia nacional de la coordinadora no está aún consolidada y su cobertura territorial activa por el momento se limita a Oaxaca, Guerrero y Michoacán.
En el pasado otras secciones han tenido fuerte presencia: Distrito Federal, Puebla, Tlaxcala, Morelos, parte de Veracruz y Chiapas, por lo que no se debe descartar su participación. Deben esperarse otras secciones adherentes procedentes del frágil SNTE.
Hoy enfrentamos una gran violencia. Junto con campesinos organizados, otra vez, gracias a la desesperación, se levanta una verdadera incógnita de proporciones difíciles de pronosticar. Los grandes estrategas del gobierno deben estar perplejos, lo que sería mejor a que estuvieran tranquilos.
Sus cálculos de posibilidades de reacciones, gracias a sus arrogancias al lanzar su reforma educativa, no incluyeron a lo hoy visto. Está siendo un proyecto de reforma en el que no se tomó en cuenta a nadie. Elba Esther apresada, el maestro Juan Díaz arrodillado y la base magisterial, CNTE o no, sociedad abierta, totalmente ignorados.
Mañana muy posiblemente, como olas del mar, estaríamos viendo la siguiente versión. El proyecto opositor es mucho más complejo, difícil de descifrar y más complicado de enfrentar, por eso hay que empezar por aceptar su naturaleza, desencriptarlo y encontrar la solución. Una solución de Estado, histórica, definitiva que en su raíz lleva el terminar con ceder en algo. Costos de la arrogancia.
El gobierno está como nunca de espaldas a la pared, en un evidente desfavor. Está en riesgo no el orden en los servicios públicos de estos días, no. Está en riesgo una de las joyas más preciadas del sexenio, lo que él llama su reforma educativa, que estos días comprueban que para merecer el nombre faltaría muchísimo más que agregar. Consecuentemente las reformas fiscal y energética quedan severamente cuestionadas y con ello el destino de la administración Peña y quién sabe hasta dónde el del propio país.
¡Las cartas están echadas!
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