De acuerdo a estudios en Gran Bretaña y Suiza

René Anaya

Desde la antigüedad se sospechaba que el aliento de las personas podría servir como guía para detectar ciertas enfermedades, por ejemplo, en la medicina tradicional china el olor del aliento es uno de los factores que permiten orientar el diagnóstico.

También la medicina occidental moderna considera al aliento un indicador de ciertos padecimientos, aunque no forma parte rutinaria de la exploración física; por lo general, únicamente se toma en cuenta si es muy fuerte o desagradable.

 

Una prueba de aliento

A pesar de que en 1798 el médico inglés John Rollo describió el olor a manzanas (acetona) en el aliento de pacientes diabéticos, el aliento no se ha incluido en las descripciones clínicas, tal vez por lo desagradable que puede resultar percibirlo o por la dificultad para definir claramente toda la gama de olores que puede percibir la nariz.

Los médicos solamente describen el mal aliento y el aliento fuerte (con todo lo subjetivo que puede ser este término). Así, se plantea que la halitosis o mal aliento puede deberse a infecciones bucales, tabaquismo, sinusitis y consumo de alimentos y bebidas como ajos y alcohol.

En tanto que el aliento fuerte acompañado de otros signos y síntomas puede ayudar a sospechar de padecimientos como diabetes, insuficiencia renal, absceso pulmonar, obstrucción intestinal, encefalopatía hepática y cáncer esofágico. Pero es probable que en poco tiempo se cuente con una nueva herramienta diagnóstica: una prueba de aliento.

En realidad, ya se tiene una prueba de aliento diagnóstica que se practica a los fines de semana: el alcoholímetro, el cual se basa en la reacción que produce el alcohol en el aire expirado, con una sustancia química, el dicromato de potasio. Aparte de esta prueba no hay ninguna otra que se realice rutinariamente para llegar a un diagnóstico médico.

Aunque es cierto que en años recientes se documentó que perros entrenados detectan compuestos orgánicos volátiles, que se originan por la actividad de células cancerosas, pero resulta costosa la manutención y entrenamiento de esos perros.

Otras investigaciones se han enfocado a ciertos padecimientos. Médicos de la empresa Oxford Medical Diagnostics, del Reino Unido, han experimentado la determinación de moléculas de acetona en el aliento, que pudieran reflejar el índice de azúcar en la sangre, para sustituir los diarios piquetes que reciben los pacientes con diabetes tipo 1 (dependiente de la insulina), especialmente los niños.

Asimismo, se han hecho estudios para detectar los compuestos orgánicos volátiles de pacientes con cáncer, que podría ayudar a detectarlo tempranamente; otros investigadores se han centrado en la búsqueda en el aliento de sustancias que se producen en las infecciones respiratorias, como la tuberculosis.

 

El aliento de vida

Esos esfuerzos por encontrar sustancias que se producen en determinadas enfermedades, seguramente son el antecedente directo de una reciente investigación que podría sentar las bases de un examen químico tan confiable como los actuales de sangre (química sanguínea y general de orina), para diagnosticar muchas enfermedades.

Investigadores del Instituto Federal de Tecnología de Zurich y del Hospital de la Universidad de Zurich, en un artículo publicado en la revista médica PLoS ONE (Public Library of Sciences) plantearon que se podrían encontrar “huellas de aliento” personales, es decir que la determinación de las sustancias que se exhalan en el aliento podrían ser indicadores específicas del funcionamiento de los órganos de cada individuo.

Los científicos, encabezados por Renato Zenobi, tomaron muestras del aliento de once voluntarios cuatro veces durante nueve días, las cuales analizaron en un espectrómetro de masas (instrumento que permite detectar con precisión compuestos químicos). Encontraron que excepto el vapor de agua y el dióxido de carbono, que detectaron en todos los voluntarios, las demás sustancias presentes en el aliento son específicas para cada persona. Es decir, que cada individuo tiene ciertas sustancias químicas en determinadas concentraciones, dependiendo de su estado de salud. “Es cierto que encontramos algunas variaciones pequeñas durante el día, pero en términos generales, los patrones individuales se mantienen constantes lo suficiente como para que sean útiles con propósitos médicos”, aseguró Pablo Martínez Lozano, uno de los coautores del estudio.

Los investigadores consideran que investigaciones posteriores se deberán enfocar en determinar los patrones característicos del aliento en la salud y la enfermedad, para crear un perfil químico, como el que se emplea en la química sanguínea como auxiliar del diagnóstico médico.

Pero Zenobi ha advertido: “Estamos recién aprendiendo lo que son los compuestos. Solo una pequeña fracción [ha sido identificado] en este punto, así que queda mucho por hacer todavía”. Pero es una esperanza alentadora para diabéticos y otros enfermos crónicos que requieren determinaciones frecuentes de sustancias en sangre.

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