Indecisión que expresa cobardía
Humberto Musacchio
En marzo, la Cámara de Diputados aprobó la reforma constitucional sobre telecomunicaciones, que básicamente pretende abrir la competencia en este sector mediante la creación de nuevas cadenas nacionales de televisión —una o más de ellas de carácter público—, nuevas condiciones para hacer competitiva la telefonía fija y móvil, ampliación del mercado de internet (actualmente sólo participa 40 por ciento de la población y apenas la quinta parte de los hogares), especialmente de banda ancha, y la creación de un organismo regulador público y autónomo.
Hasta ahí, con sus asegunes, pero la cosa marchaba. No muy bien, pero marchaba. Sin embargo, al pasar la minuta al Senado, los legisladores de esta Cámara han mostrado una indecisión que expresa la cobardía de algunos padres de la patria, la dependencia de algunos respecto de las grandes empresas del ramo y, en suma, la traición a los ciudadanos que los beneficiaron con su voto. La Asociación Mexicana para el Derecho a la Información resume así la situación de los senadores:
“Algunos quieren ajustar la reforma a sus particulares apreciaciones sobre las telecomunicaciones y los medios que consideran necesarios. Otros, intentan mejorarla para ampliar sus alcances. Otros más, la critican aunque dicen que la respaldan. También, entre los legisladores hay enemigos de la reforma que preferirían que se mantuvieran privilegios e inercias de las corporaciones comunicacionales. En ese barullo legislativo, se corre el riesgo de que las diferencias de forma y detalle queden magnificadas por encima de los acuerdos en torno a temas básicos…”
Para que la reforma siga su curso, los senadores deben ratificarla, y si modifican la minuta deben dar suficiente tiempo para que la otra cámara pueda aprobarla en abril, antes de que concluya el actual periodo de sesiones. Lo siguiente será la aprobación por mayoría de los congresos locales, donde por supuesto se levantarán algunas resistencias.
La reforma es una de las propuestas del Pacto por México, espacio de discusión en el que los partidos han sido capaces de llegar a acuerdos sustanciales. Dicho de otra manera, si no se aprueba la reforma constitucional sobre telecomunicaciones, presenciaremos un triunfo de los poderes fácticos sobre la clase política y un golpe más a la sociedad, a la que se mantendrá desinformada y, por eso mismo, al margen de las grandes decisiones. Y algo peor: el interés nacional seguirá subordinado a la fuerza mercantil de un puñado de familias.
