Exigen mano dura al rector
Humberto Musacchio
Un pequeño grupo de estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades tomó por asalto la Rectoría de la UNAM. Para hacerlo —dicen— destruyó un vidrio a marrazos (?) y por el hueco se metieron los muchachos que al momento de escribir estas líneas se mantenían en el edificio, aunque ya el abogado general había presentado una denuncia.
Los medios de comunicación, en forma unánime, han reprobado el hecho, pero muchos han ido más lejos, pues tildan a los jóvenes ocupantes de pandilleros, porros, delincuentes, manipulados y otras lindezas, y tras de un aparente apoyo a las autoridades universitarias le exigen mano dura al rector José Narro y hasta lo tildan de indeciso y hasta blandengue.
Desde luego, no se puede celebrar que ocurran estas cosas en la principal universidad del país. Pero hay varios hechos que cabe mencionar para situar las cosas en contexto. El primero es que, sin realizar la mínima consulta, a espaldas de la comunidad cecehachera de alumnos y profesores se anunció una reforma previamente cocinada.
Lo anterior dio lugar a una protesta que fue reprimida con golpeadores, de ésos que invariablemente aparecen cuando brota la rebeldía estudiantil. Como era de esperarse, los alumnos respondieron a la agresión y ahí se inició una escalada que llegó hasta la ocupación de la Rectoría. Los hechos son reprobables, pero no pueden aislarse de su contexto.
Por fortuna, la mayoría de los estudiantes ceceacheros han estado celebrando asambleas para debatir la reforma que se pretende imponer. Esas mismas asambleas han expresado abiertamente su desacuerdo con los métodos violentos y han optado por manifestar su protesta en forma pacífica.
La UNAM ya ocurrió ante el ministerio público, pero éste se niega a actuar hasta en tanto no haya ratificación de la denuncia. Las autoridades universitarias se muestran cautelosas, mientras sube de tono el coro de los cazadores de cabezas que exige aplastar a los ocupantes, mientras que éstos, quienes extrañamente combinan los símbolos antagónicos del anarquismo y el comunismo, pretenden sustituir la participación de las bases mediante golpes de audacia.
Ojalá que nos equivoquemos, pero todo indica que los ocupantes de Rectoría carecen de representatividad y que las autoridades universitarias temen que un golpe represivo encienda un conflicto mayor. Por su parte, el ministerio público busca pretextos para no intervenir, pues el gobierno federal bastante problema tiene con lo que ocurre en Guerrero, Oaxaca y otras entidades. Por donde se vea, no será fácil darle una salida al conflicto.
