Bernardo Ruiz

Blanco sobre rojo. Roger von Gunten se escribe con una tipografía Helvética. Es precisamente el trazo de la G la que permite distinguir con nitidez el tipo. Blanco y rojo son los colores de la bandera de la Confederación Helvética, Suiza, como decimos en México. Una sutileza de editor.
En blanco y rojo se imprime la cubierta de este libro conmemorativo, Roger von Gunten. Pintura y gráfica; Gunten nacido en Zürich en 1933. La coordinación del volumen estuvo a cargo de Mauricio Cruz de la Fuente, de Índice editores. A lo largo de sus ciento noventa páginas, Pintura y gráfica registra con detalle la vida y la obra de este artista visual con motivo de sus ochenta años, y sesenta de creador.
El trabajo de producción editorial, con patrocinio de la UBS, casa de bolsa y banca, está concebido con magnífica discreción. Tras la biografía de Von Gunten, un ensayo de Miguel Ángel Muñoz contextualiza el trabajo del artista en cuanto a estilo y espacio, dialoga con él, y aguza la mirada hacia los temas dominantes en la trayectoria del autor. Asimismo, subraya la evolución del color, y la impronta del pensamiento y la espiritualidad hindú que enriquece la concepción del trabajo de Roger von Gunten, a la que con acierto define como una búsqueda de la verdad.
Por regla general, un libro de arte es un objeto deleitoso: un banquete para la vista donde, más que el análisis, priva el placer. En particular este cuidado tomo lo demuestra: es un jardín de delicias, una serie de magníficas sorpresas que tienen su origen, seguramente, en la añoranza del Edén, del que obtenemos una serie de revelaciones que fascinan de diversa manera.
La calidad de la impresión de la obra permite evocar con claridad y detalle cada lienzo, color y trazo de Von Gunten. Una obra que muestra en su sobria sencillez la complejidad de su concepción: una sencillez que a este espectador remite al recuerdo de Les Demoiselles d’Avignon de Pi­casso, o bien a una serie de sonatas para piano de Beethoven, o a ese fragor de inocencia recuperada, inasible de los versos iniciales de Muerte sin fin de José Gorostiza, respecto a la percepción de la propia imagen: “…lleno de mí —ahito— me descubro/ en la imagen atónita del agua,/ que tan sólo es un tumbo inmarsecible,/ un desplome de ángeles caídos/ a la delicia intacta de su peso,/ que nada tiene/ sino la cara en blanco/ hundida a medias, ya, como una risa agónica,/ en las tenues holandas de la nube/ y en los funestos cánticos del mar/ —más resabio de sal o albor de cúmulo/ que sola prisa de acosada espuma”.
En ese sentido, creo que varios podrían coincidir conmigo que “El sexto día de la Creación”, ese ensayo de Álvaro Mutis dedicado a la pintura de Roger von Gunten destaca con suma lucidez estas cualidades que se expresan con versatilidad en los temas, colores y perspectivas de numerosas obras.
Asimismo, Von Gunten tiene una capacidad notoria para despertar distintos estados de ánimo o producirlos: Mutis percibe una subterránea relación rambaldiana, conecta estas visiones con Una temporada en el infierno, cuando quizás uno debiera preguntarse bajo qué prisma del propio espíritu puede el espectador enfocar y acercarse a un cuadro.
Basta observar Laguna en Tabasco para apreciar en su perfección no sólo un paisaje, sino la sobriedad de la expresión. ¿Que despierta una profunda tranquilidad? ¿Que más allá de la tranquilidad hay una inmensa nostalgia? Tal subjetividad, distingamos, es motivada por la propia energía que es parte de la obra. Es en sí una mirada íntima que, ante otros ojos, cobra una interpretación diversa, como toda gran obra de arte promueve.
Roger von Gunten simplifica el mundo y cobija esa percepción bajo efectos de la luz y de las horas, aliado a esa sabiduría que Kurt Vonnegut atribuía con humor semejante a culturas alienígenas, cuando afirmaba que para los trafalmadorianos, cada ser humano tenía al momento de ser concebido siete o más progenitores.
En otras ocasiones, como resaltan Aridjis, Muñoz, Cuevas, Manrique y García Ponce, quienes también colaboran en esta publicación, es mayor en la obra de Roger von Gunten la importancia del espectro de un color específico y sus leves variaciones, que el pretexto —el tema en sí— del cuadro. Es decir, la revelación está en el halo, el aura del objeto y no en el objeto mismo, lo cual para la filosofía oriental es clara expresión de una inocultable verdad.
De ahí que la pintura de Von Gunten sea para algunos asunto de realismo mágico y para otros, como lo menciona Juan García Ponce, un tránsito entre la abstracción y la representación.
Quizás una clave importante para acercarse mayormente a la obra de von Gunten la encontremos en su gráfica, donde juega, experimenta y codifica con otros recursos y técnicas; donde puede distinguirse entre sus rasgos de carácter por la fuerza expresiva que contrastan —de manera constante y profunda— con la recurrencia a temas donde, como contrapunto, introduce los temas y los detonadores de las sensaciones afines de su pintura. Diálogo de espíritu y materia, podría argumentarse, donde el yo y el ello buscan un definido equilibrio.
Sea cual fuere la razón de mayor peso, convengamos que si el objeto del arte es conservar y dar a conocer las expresiones más relevantes de individualidades de excepción, que exploran o dialogan con percepciones cuya profunda impronta traducen con sensibilidad, y expresan con fuerza y preclara intuición las motivaciones de la creatividad humana y sus visiones; nos encontramos en Roger von Gunten, pintura y gráfica con un artista que sabe retar la perdurabilidad con mirada imperturbable, convencido de su grandeza. Y, por mi parte, estoy de su lado. Felicidades.

Texto leído en la presentación del libro Roger von Gunten. Pintura y gráfica (índice Editores-UBS, México, 2013), en la Galería Juan Martín. El volumen tiene textos de Miguel Ángel Muñoz, Jorge Alberto Manrique, Álvaro Mutis y Juan García Ponce.