Pamela García Maldonado
Desde Platón se tiene a los melancólicos por dotados de genio, Antonieta Rivas Mercado fue fiel a esta figura. Rubén Darío define a la mujer no solamente como un instrumento de conocimiento, sino como el conocimiento mismo; Antonieta efectivamente fue ese conocimiento, fue paz, fue guerra, ironía, musa, mecenas. Fue dolor, fue mucho dolor y sobre todo fue desatino errabundo, atrapada en una época que de pronto tenía todo, menos un lugar para ella.
Kathryn S. Blair, nacida en Cuba, hija de padres norteamericanos, y esposa de Donald Antonio Blair, único hijo de Antonieta, investigó durante veinte años cualquier indicio de la presencia de Antonieta, y finalmente lo plasma en A la sombra del ángel, novela histórica biográfica que entabla una relación paralela entre la vida de Antonieta y el acontecer político y cultural que se vive en el país durante las primeras tres décadas del siglo XX.
Abril 28 de 1930, quizá fue la primavera más cálida de Antonieta, la primera de treinta. Entre el amor absoluto de su padre, el desapego de su madre y las ineludibles conquistas y derrotas con sus hermanos, desarrolló un olfato artístico e incluso lo adoptó. Pero la vida, el destino o cualquier otro cliché sobre la energía responsable de su suerte, jamás le permitió concretar visiblemente sus proyectos.
La bailarina: como parte de su primer viaje a París, Antonieta cursó clases de ballet, embelesada por la sobriedad de la Ciudad de las Luces, un talento inesperado brotó de su elástico cuerpo y de sus pies meditabundos, la confianza en sus movimientos motivó a su profesor para solicitar la estancia de Antonieta a su padre, en aras de convertirla, en años breves, en bailarina principal. Pocos días después, desempacaba sus puntas de ballet en su casa en la Ciudad de México.
Casados ante los ojos cerrados de Dios: Antonieta se casó y transpiraba un frenesí de veinteañera, era el camino propicio, el de todas las señoritas de su edad. Pero ella no era como las demás, tenía estudios, proyectos y sobre todo, se sabía propietaria única de su vida. Él no estaba dispuesto a no ser dueño de su esposa “como Dios y su religión mandan”, a tener que compartir sus pensamientos con los filósofos franceses que leía Antonieta, así, quemó sus volúmenes en una hoguera cuyo combustible era su ira y que se llevó consigo su razón. Ella se divorció en 1928.
La desazón teatral: su alto nivel intelectual y las oportunidades de su círculo social la condujeron a colaborar con el grupo de Los contemporáneos en la formación de un espectáculo teatral innovador, digno de las grandes metrópolis. Severas críticas condenaron su nacimiento, su gestión y su final. Antonieta improvisó como actriz, directora de escena, productora, escenógrafa, traductora y el cargo que estuviera escaso según la ocasión. Después de tres meses riesgosos, el Teatro Ulises se extinguió, su impacto, sin embargo, sentó las bases del teatro moderno.
Ese son no se lo toquen: reconocida por su labor como mecenas cultural, patrocinadora, socia, benefactora y mujer de negocios, Antonieta fue abordada por temerarios quienes querían gestionar proyectos. Entre uno de los que más le interesó fue la creación de la Orquesta Sinfónica Mexicana, repitió la fórmula, más allá de los siempre bien recibidos clásicos, presentó composiciones nacionales, tendencias europeas, las nuevas obras revolucionarias, incluso vistió con trajes de etiqueta al director y a los músicos. Al final quien la había buscado para pretender su favor —mismo que concedió— con una altanería malagradecida, le dio la espalda y dejó de reconocer el valioso apoyo de la millonaria a su causa. Habría que preguntarse si el día de hoy existiría la Orquesta Sinfónica Nacional si ella hubiera desdeñado la propuesta.
Son politikon: era cuestión de tiempo que emigrara de su labor artística y cultural a la política. Participó activamente en la campaña electoral de 1929, se puede creer que plenamente convencida del triunfo de su candidato. Además de sus aportaciones pecuniarias, montó talleres para la impresión y distribución de propagandas, organizó y asistió a mítines, realizó y revisó discursos y tenía en la mira ser la encargada de la labor cultural gubernamental tras ganar las elecciones. Entre sus premisas estaba perseguir el voto femenino. Tras un ataque generado por el PNR. Antonieta comprendió el peligro que corría en la ciudad y decidió instalarse en el país vecino al norte. Ni las elecciones fueron afines a su candidato (se habló de un fraude electoral) ni logró recuperarse del desgaste físico que representó la contienda para ella.
Entre madre y buenas noches: Quizá lo más cerca que estuvo de completar algo fue su amor como madre. Entre el descontento y la apatía a su esposo, su hijo la inundó de júbilo, renovó en ella la fe, y la esperanza de vivir. Pero, poco tardaría en tornarse un amor casi inconcluso, entre sus nuevas actividades culturales y políticas, sus vaivenes emocionales y el desgaste angustioso que le provocaba su divorcio, tuvo que dejar a su hijo para vivir una temporada en Nueva York. Posteriormente regresó por él y se embarcaron en una intrigante aventura hacia Francia, a las últimas noches de Antonieta. Cansada de luchar cedió la completa responsabilidad de su hijo a su ex esposo y ella terminó con su melancolía desgarradora, insensata.
Las letras que se llevó en el alma: ella sabía que debía (y era imperativo) creer que podría convertirse en la primera escritora dramática de Hispanoamérica. Al menos así lo manifestaba el seis de noviembre de 1930 en su Diario de Burdeos. Sin embargo, se arrancó las letras del alma y aun así no terminó de plasmarlas en un material tangible. Las letras salieron, sí, entre sus sollozos, su ansiedad, en sus penas matutinas, en sus cartas, en el fracaso y en el último vistazo que tuvo antes de dispararse en el pecho en la iglesia de Notre Dame, en París. Quería ser de la vida en todo lo que fuera, menos en el desamor.
Antonieta, la inconclusa: es innegable que su herencia en las artes, en la cultura, e incluso en la política perduran. Imaginar la erupción, la pasional revelación que hubiera sido, si hubiera logrado concretarse. “Tengo la cabeza en ebullición, y se me ocurren proyectos maravillosos que, aunque no pasen del estado en que se encuentran, tienen el don de iluminar. Antonieta”.
Tras 646 páginas impresas bajo el sello de Suma de Letras, casi se percibe a Antonieta, sus ojos melancólicos, sus ganas de hacer que cada día cuente. La lectura se complementa con la página www.sombradelangel.com.mx, donde una estrategia virtual contiene fotografías, videos y testimonios sobre la vida y obra de Antonieta Rivas Mercado.
Kathryn S. Blair, A la sombra del ángel. Suma de Letras, México, 2012; 646 pp.

