David Alejandro Boyás Gómez
La ubicuidad era uno de los dones que atribuían a Carlos Monsiváis los que lo conocieron, rasgo vigente a casi tres años de su muerte. Y es que el escritor fallecido en el 2010 se hizo presente, mediante recuerdos, anécdotas y comentarios a su obra en la librería Rosario Castellanos el pasado 7 de mayo.
El motivo fue la presentación de Misógino feminista, libro que contiene ensayos clave escritos por Monsiváis donde aborda el tema del feminismo y la lucha por la liberación y la diversidad sexual. Para la antropóloga Marta Lamas, quien seleccionó los textos, era importante contar para la ocasión con amigas del autor, que lo acompañaron en sus luchas. Siete de ellas acudieron al llamado, tres mandaron un mensaje escrito.
La sala lucía abarrotada media hora antes, por lo que la presentación dio inicio a las 6:30 en punto, aun cuando faltaban de llegar algunas ponentes, que fueron llegando en los siguientes minutos. El primer acto fue la excelente lectura, por parte del director de teatro y amigo del autor, José Luis Ibáñez del texto de Monsiváis “Soñadora, coqueta y ardiente. Notas sobre sexismo en la literatura mexicana”. Ibáñez también destacó el apoyo de Monsiváis a las causas feministas y recordó que al escritor le fascinaban las canciones mexicanas y que le gustaba mucho cantar.
Posteriormente, y ya entrados en ambiente, Lamas presentó la primera intervención a cargo de Beatriz Sánchez Monsiváis, quien rememoró, no sin nostalgia de por medio, que su primo fue su “gurú dentro del feminismo” y que la inspiró a apoyar el movimiento en México. Todo gracias a que ella le pasaba sus manuscritos a máquina. Recordó también cómo en vida sus amigas lo consentían demasiado y agradeció a Lamas que hubiera reunido a tantos amigos para presentar el libro.
Posteriormente intervino Elena Poniatowska, quien calificó al escritor de “inclasificable” y de quien dijo “fue el pulso crítico de nuestro país”. La escritora además agregó que a Monsiváis le parecía de vital importancia el ascenso de las mujeres al poder.
El tono intimista de la presentación continuó cuando tomó la palabra Lilia Rossbach y contó de su amistad con el cronista, que data de 1969. Relató que el escritor se hospedó entonces en un bungalow de su familia en Cuernavaca para escribir “Días de guardar”, publicado por Era en 1971. Contó que en aquellos tiempos hablaban tanto por teléfono que la mamá del escritor, “Doña Esther creía que éramos novios”. Monsiváis conservó su amistad con Lilia toda su vida, relación que le ayudó a estrechar lazos con otro gran amigo suyo, esposo de Lilia, el escritor José María Pérez Gay.
Carmen Galindo, amiga de muchísimos años del autor de “Amor perdido”, analizó su obra en donde, dice, se huye del lugar común y hay pocos temas recurrentes. A decir de Galindo el feminismo es uno de ellos. Destacó que Monsi haya sido siempre una figura pendiente de la cultura popular y la de masas. Un rasgo que lo definió fue su escrutinio a los tipos femeninos presentes en el cine nacional de la época de oro. Elogió su ensayo “Nancy Cárdenas, la siempre inoportuna”, (de 2004), incluido en el libro y que da un retrato certero y sensible sobre la activista ejemplar que fue esta pionera de la lucha por los derechos de la diversidad sexual.
Amiga también de muchos años, Magdalena Galindo aseguró que el título de “Misógino feminista” le hubiera encantado y que él mismo, bromeando entre amigos con el irónico humor de siempre, se definía como tal. Sin embargo, aseguró, nunca fue misógino y siempre que escribía sobre el feminismo dejaba la broma para otras ocasiones y se tomaba el tema muy enserio.
Aunque Carmen Boullosa no pudo acudir, envió su texto desde N7ueva York para que fuera leído. En él denominaba a Monsiváis “escritor de rara estirpe”, por su postura crítica y su nivel de reconocimiento entre el público. Por su perspicacia y estética lo llamó una suerte de “Lizardi cruce con Nervo”. Externó su cariño y admiración a su obra aseverando que no hubo escritor así antes de él, que fuera al mismo tiempo culto y no elitista.
La charla continuó con la amena y divertida intervención de Raquel Serur, quien al igual que su fallecido esposo, Bolívar Echeverría, mantenía una estrecha amistad con el ensayista. En su oportunidad ante el micrófono, Serur se preguntó qué diría Monsiváis del regreso del PRI al poder, provocando una espontánea risa entre el público. Detalló que a Carlos Monsiváis le interesaba estar al tanto de los problemas del país, de ahí su activismo en pro de los derechos de las mujeres y de la comunidad gay.
Serur también fue encargada de leer el texto de otra ausente, Sara Sefchovich, donde destacó la labor del escritor al usar su pluma para mostrar a una sociedad en movimiento, siempre con una visión crítica y propositiva. Definió su estilo como inimitable y recalcó la gran cantidad de textos producidos por Monsiváis.
Sandra Lorenzano habló de su amistad con el autor de Los rituales del caos, de 1995, a quien recordó por sus curiosidades como estar anunciado para dos conferencias al mismo tiempo. Dijo que su análisis de la cultura en México y América Latina es de un gran valor y aplaudió la habilidad que tenía para moverse en los dominios de la cultura académica, así como en la cultura popular.
Martha Lamas leyó después un texto enviado para la ocasión por Gabriela Cano, quien escribió sobre el interés de Monsiváis en la figura de Nancy Cárdenas. En su escrito ahondó en la lucha llevada al cabo por el autor durante su vida, desde los cincuenta apoyando causas sociales, hasta el movimiento estudiantil en los sesenta y el movimiento de liberación sexual en los setenta.
Para terminar una tertulia tan llena de recuerdos, José Luis Ibáñez leyó “Alabemos ahora”, ensayo muy sentido de Carlos Monsiváis en el que homenajea a las precursoras del movimiento feminista en la historia de México, mujeres que lucharon desde la academia, pero también desde los hogares, desde las calles, mujeres como las sufragistas, como Juana Belén Gutiérrez de Mendoza. Fue el cierre perfecto pues se muestra al elocuente Monsiváis con un discurso excitado y excitante para su público.
Nuevas generaciones podrán acercarse a este libro de 20 ensayos, escritos entre 1973 y 2008, donde el escritor más popular de México pone en relieve que la libertad sexual es también un tema de derechos y libertad política. Siempre objetivo, Monsiváis veía las bondades y las fallas del movimiento feminista en México, sin embargo reconocía que se ha hecho un trabajo arduo que ha rendido frutos en un nivel ideológico, social y político. Para Monsiváis el sexismo es un “espejo distorsionado” porque inventa falsedades en la percepción de los sexos en sociedades como la nuestra.
Monsiváis era feminista y nada misógino, la prueba está en las amistades que lo rodearon durante su vida y atestiguaron su calidad de pensamiento, y que esa tarde rememoraron su vida y su obra. Sin embargo, el juego de palabras del título donde se encuentran los antónimos de odio y de amor le hubiera encantado, pues tal era la relación que mantuvo con las mujeres en vida. Tal estira y afloja, tal oxímoron, tal es la complejidad crítica de un escritor tan importante para la vida cotidiana en México, cuyas reflexiones no nos abandonan.

