El maniqueísmo de los ilustrados

Carlos E. Urdiales Villaseñor

Hace días, corrió en las redes sociales el tema de Cruzada Nacional contra Televisa que se pretextó por un incidente afuera de la Torre de Rectoría de la UNAM en los días posteriores a su ocupación por un variopinto grupo de jóvenes. En el portal de videos YouTube se puede buscar dicho episodio, Medios se mofan del movimiento en la UNAM.

Se trató de un grupo de reporteros y fotógrafos, algunos con uniformes de motociclistas, los llamados viales que —ante lo dilatado de la cobertura— haciendo guardia en la explanada tuvieron el mal tino de jugar parodiando al Sub Marcos, a leer un supuesto pliego petitorio de cigarrillos, cervezas, papas y refrescos. Mal tino porque en plena explanada universitaria no tardaron nada en llegar un grupo de jóvenes que, además de grabar en sus teléfonos celulares a la concurrencia reporteril, de inmediato reclamaron, como cualquier joven lo haría, la indolencia, simpleza, estulticia y demás adjetivos para la prensa.

Rápidamente descalificaron y ratificaron su convicción de porqué el país está mal informado, como asumen que lo está, por esos medios, por esa prensa que se burla del movimiento que, como al que en ese momento respaldaban, rompió los vidrios del edificio de Rectoría para secuestrarlo. El tema Cruzada Nacional contra Televisa corrió en su terreno más fértil y fructífero: las redes sociales.

En este reciente movimiento estudiantil en la UNAM y cualquier otro episodio con maestros, normalistas, CCH, Universidad Autónoma de la Ciudad de México y más, siempre se exige no criminalizar  a los jóvenes, no etiquetar por unos vándalos al colectivo. ¿No se vale pedir lo mismo de este lado? Lo que unos reporteros hicieron ahí, ¿vale para calificar y denostar a toda la prensa? Es mucho más sexy políticamente defender las causas casi todas de los muchachos, que la del cuarto, quinto o sexto poder, y más aún si hay un logotipo de la empresa más vista, pero más odiada por muchos de sus propios clientes por ser el epítome de los males de este país.

La intolerancia de los tolerantes. El maniqueísmo de los ilustrados. La simplificación que sirve para montar en los nuevos canales de comunicación rápidos resúmenes de nuestros males y dolores sociales. Lejos de defender un modelo de televisión manejada con objetivos mercantiles, está la mirada autocrítica a nuestras formas de procesar y expresar nada.

 

@CarlosUrdiales