Marco Muñoz

La cinta Nosotros los Nobles rebasó la expectativa, seguramente, que se habían fijado sus hacedores. La película ha llegado a sumar 5 millones 283 mil entradas —cifra que el pasado domingo 12 de mayo registró—, con lo que le ha quitado el primerísimo lugar, dentro del cuadro del cine nacional, al filme El Crimen del Padre Amaro (2002), el que tuvo entre sus principales empujes la polémica que se tuvo con la Iglesia católica.
Basada en la película El gran calavera (1949), que protagonizara Fernando Soler junto a su hermano Andrés hace poco más de sesenta años, ahora arriba a la pantalla grande Nosotros los Nobles, dirigida por Gaz Alazraki, en la que Germán Noble (Gonzalo Vega), un viudo que constantemente se duele por la muerte de su esposa Beatriz, es un empresario que a la sombra de esta pérdida justifica tanto su actitud como la de sus tres hijos —Javi, Bárbara y Charlie—, pero se dará cuenta que su familia va en picada por “la forma en que llevan la vida”, y, a diferencia del alcoholismo que mostraba como problema Fernando Soler, Gonzalo Vega le da un tipo de infarto, lo que lo hace recapacitar y recapitular la forma de llevar su familia, a la que le armará un escenario fingido donde pierden todo, al grado de que tienen que “trabajar”, pero es el preciso momento en el que muestran sus límites, que son muchos, para sostenerse dentro de un medio que no es el suyo. Es cierto que dan risa pero debería también acompañarse de la lástima porque finalmente es gente en su mayoría que está alejada del México que los necesita (por eso llamaron mucho la atención cuando increparon al ex candidato priista en la Ibero).
La película es tremendamente ligera y con varios toques de comicidad que por supuesto arrancan la risa o la carcajada. Sin embargo, Nosotros los Nobles atiende otro asunto que debe preocupar, el que logra mostrar que se habla, por lo menos, de dos Méxicos. Uno, el de la clase media que, en el filme, aparece como la clase trabajadora, que consigue poner en su lugar a los de la clase pudiente. Dos, la clase pudiente que son completamente ajenos a la realidad del país, que se sienten dueños de su gente y de todo (los casos pueden ser muchísimos, pero los más sonados, por ejemplo, es el de las Lady’s de Polanco o, más reciente, la Lady Profeco [que le costó el puesto al papá], o la hija de Peña Nieto [en el que no le costó la candidatura al papá] que mostró la suela y dio de pisotones a “la prole”). Y decir que es preocupante es porque somos un país de polos muy opuestos, donde tenemos vergonzosamente al hombre más rico del mundo y en donde también “viven” millones de mexicanos en extrema pobreza, o donde “Los Nobles”, por llamar así a la clase adinerada, o mal llamada “alta”, que aparecen, tanto en la pantalla grande como en el escenario real como torpes, limitados, irresponsables, ensimismados…
Pero si nos alejamos de todo ese aspecto social, es una película muy divertida y que muestra la parte light de ambas clases porque, entre todo, se dejan ver sanos los jóvenes, pues la droga, insoslayable tema real, aquí se le dio la vuelta.