Peña Nieto tiene en el presidente de EU un publicista
René Avilés Fabila
En el pasado, cuando pocos temían llamar al pan pan y al vino vino, nosotros los mexicanos llamábamos a Estados Unidos, país imperialista, y ellos nos devolvían la cortesía llena de historia, con tres intervenciones armadas y multitud de agravios, calificándonos de su patio trasero.
Hace un par de meses, un importante legislador norteamericano se refirió a México señalando nuestra condición modesta e incómoda junto al coloso, justo con esa expresión. Claro, las relaciones han cambiado porque el mundo ha sufrido transformaciones. Estados Unidos tiene un presidente negro, parte de la raza afroamericana que ha sido humillada por los anglosajones puros.
Las guerras en el exterior han sido mantenidas en bajo perfil, pero allí están en Irak o en Afganistán, tensan las relaciones en Medio Oriente y amenazan en todos lados si algún país intenta romper el concierto mundial dominado por Estados Unidos y apoyado por los países de mayor desarrollo capitalista. Dicen quiénes deben tener armas nucleares y quiénes no, y señalan con tono aguerrido a los que violan los derechos humanos, sin recordar que nadie los viola como ellos. El solo ejemplo de Guantánamo es suficiente para probarlo.
Ahora viene Barack Obama y con él el territorio más agresivo de su nación. Paraliza el aeropuerto y parte de la ciudad queda estupefacta e inmóvil también al ver pasar la comitiva más impresionante que México ha visto. La famosa Bestia se abre paso sin dejar que alguien se acerque. Viene a tranquilizarnos, a hablar de una mejora en las relaciones bilaterales, sonríe, elogia a Enrique Peña Nieto, es cordial como lo es en la Casa Blanca, y los mexicanos apenas nos enteramos de generalidades de las conversaciones entre dos presidentes jóvenes que rigen aquí y allá.
Lejos quedó el momento en que el presidente John F. Kennedy recorría la ciudad de México, acompañado de Adolfo López Mateos, en automóvil descubierto. Los problemas que aquellos dos mandatarios trataron siguen siendo los mismos prácticamente.
Nosotros no queremos ser su patio trasero y ellos insisten en que sí.
Hace años, el humor mexicano reproducía una frase que sigue siendo válida; ante la expresión norteamericana de buena vecindad, decía: en efecto, ellos son los vecinos y nosotros los buenos. Esta visita de cortesía pareciera de simple cortesía y para tratar problemas y temas no muy graves. El caso es que sí lo son y dudo mucho de que la visita haya sido para conocer superficialmente la ciudad capital de México y ver qué tal hablan inglés los integrantes del gabinete mexicano.
Pero no seamos pesimistas ni sospechemos de las buenas intenciones de Estados Unidos. Por ahora, el gobierno de Peña Nieto tiene en Obama un publicista. Espero que lo sea largo tiempo y además que se generalice en los estados donde mayor presencia mexicana existe.
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