Falta de ideología, defecto de los partidos
René Avilés Fabila
Hace poco, en la UAM-X, hubo una interesante discusión entre profesores propios y de otras instituciones afines. Se trataba de discutir si el PRI tuvo, ha tenido y tendrá una ideología, ya lejos de la gastada fórmula de citar la Revolución Mexicana, algo que desapareció con el gobierno de Ernesto Zedillo, pero que se fue desdibujando desde antes de él. Los últimos presidentes que hablaron del épico movimiento fueron Luis Echeverría y su amigo José López Portillo. Luego cesaron las citas y de plano entramos en el neoliberalismo que no es otra cosa que un capitalismo salvaje, donde prevalece la voluntad del más poderoso económicamente hablando. Los políticos son simples peones bien remunerados y que fingen no darse cuenta, como siempre ha sucedido en Estados Unidos.
Un colega de la UAM-A precisó que el PRI no era el único partido carente de ideología, los demás tienen el mismo defecto. Son imprecisos y sus discursos respectivos jamás concuerdan con los hechos puestos en práctica. Allí está el PRD que se ha calificado a sí mismo de izquierda cuando sus acciones, y no sus palabras, los muestran en el mejor de los casos como de centro-izquierda, siguiendo un muestrario que propuso Norberto Bobbio para mejor entender un fenómeno más cercano al pragmatismo que al mundo de las ideas. El PAN es más o menos congruente. Su conservadurismo es firme, su atraso político definitivo, pero hay esfuerzos por acercarse al centro, lo cual lo colocaría en la derecha-centro. El PRI, señalé yo con algún sentido del humor, quedaría tanto por sus hechos como por su palabrería antigua y moderna, en el centro-centro. No estoy seguro si se entendió mi broma, pero al menos recorrimos la historia de dicho instituto luego de transformarse en PRI, dejando de lado al PRM.
El declive, la ruta hacia la derecha comenzó con Manuel Ávila Camacho, quien con calma y sin aspavientos fue modificando la ideología del general Lázaro Cárdenas, quien llevó a su punto más alto la Revolución. El resto es identificable sin complicaciones. Adolfo López Mateos optó por calificarse, en pleno arranque de la Revolución Cubana, señalada por Castro y Guevara como marxista, de “izquierda dentro de la Constitución”. Fue una polémica sin fin. Apareció el fantasma conservador que convive con los mexicanos desde siempre y ya Gustavo Díaz Ordaz, aunque la citaba con frecuencia, era un completo reaccionario, un hombre con alma de derechista. Anticomunista rabioso, mostró su verdadero rostro durante el conflicto estudiantil de 1968.
Todavía los ecos de la verborrea revolucionaria llegaron a los ciudadanos que miraban deslumbrados los éxitos del capitalismo y con miedo el hecho de que en los países comunistas no existían los grandes almacenes comerciales ni la libertad de poner la empresa que les viniera en gana (claro, si tenían los millones que cuesta el esfuerzo), con Echeverría y López Portillo. Ya con Miguel de la Madrid, era obvio que nos gobernaba una tecnocracia formada en Estados Unidos. Si Colosio tenía un profundo sentido social, no así Ernesto Zedillo que ni siquiera era priista, más que de credencial.
En este contexto, pronto veremos un encuentro electoral; en julio próximo el PRI enfrentará a diversas alianzas casi todas conformadas por el PAN y el PRD. Lo más extraño es que, en Baja california, el PRI va con el muy cerrado fanático de Andrés Manuel López Obrador, el PT.
La discusión fue larga y estuvo llena de citas y buenos argumentos, por ello es imposible reproducirla en unos cuantos párrafos. De cualquier manera, habría que discutir si el pragmatismo domina a los partidos, y si, en efecto, como dicen algunos, las ideologías y los grandes proyectos sociales de transformación han fallecido de inanición, bajo la presión de los mismos partidos políticos.
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