El  de 13 de mayo de 1981 le dispararon al Papa Juan Pablo II en Roma.  Antes del intento de asesinato, el Papa era conocido por sus deseos viajeros, sin miedo a aparecer entre las multitudes. Mientras mantenía la aparición semanal habitual en la plaza de San Pedro del Vaticano, Mehmet Ali Agca, miembro de un grupo turco de extrema derecha, disparó al papa en dos ocasiones.

Algunas teorías sugirieron un complot soviético, puesto que el Papa es un conocido anticomunista, defensor del sindicato Solidarnosc en su Polonia natal. Agca confesó actuar para los servicios de inteligencia de Bulgaria, que actuaba como respaldo de la KGB, pero posteriormente cambió su declaración. Varios ciudadanos búlgaros y tres turcos fueron detenidos pero después liberados, por falta de pruebas.

Según información de los servicios secretos turcos, Agca habría recibido dos millones de dólares de la mafia turca por asesinar al Papa. Después de varias intervenciones, el Pontífice permaneció en el hospital durante tres semanas, y Agca fue sentenciado a cadena perpetua. Juan Pablo II lo visitó en la cárcel y le ofreció el perdón.

Agca fue indultado por el gobierno italiano en el año 2000 y deportado a Turquía, donde cumple una condena de 10 años por asesinato en 1979 del director de un periódico liberal.