Fallos más que discutibles en el feudo de Azar

Humberto Musacchio

A Edgar Elías Azar le gustaría repetir como presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal. Lo dijo recientemente, cuando se quejó de quienes tratan de impedir que se quede en el cargo por otro periodo. No dio nombres, pero quedó claro que no las tiene todas consigo.

La actuación del señor Azar ha sido más que discutible. Por ejemplo, cuando la familia de Ernesto P. Uruchurtu se quejó de que estaba siendo despojada de bienes como la casa de Las Águilas o la residencia del Paseo de la Reforma, hechos avalados por una juez de la que se dio nombre y filiación, la reacción de don Edgar Elías fue, sin permitir siquiera entrar en pormenores, salir en defensa de la juzgadora que por ineptitud, pereza o corrupción convalidó el atraco.

Son muchos los casos que reciben fallos más que discutibles en el feudo del señor Azar, pero hay uno que ha alcanzado tintes de escándalo por su proyección internacional. Me refiero a la persecución desatada contra Justino Montes de Oca, quien en mayo de 2012, cuando era juez 78 de lo civil, acusó a Edgar Elías Azar de obligar a los jueces a emitir resoluciones en el sentido que él indicaba.

Montes de Oca no tuvo que esperar por la respuesta. Dos días después de hacer pública su denuncia fue acusado de “denegación y retardo de justicia continuados”, por lo que resultó separado de su cargo y el juez 50 de lo penal, José Eligio Rodríguez Alba, alegremente dictó orden de aprehensión contra su colega (véase nota de Diana Martínez en Reforma, 30/IV/2013).

Sabedor de cómo se las gasta el presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, el juez Montes de Oca se ocultó unos días y en junio pasó a Estados Unidos y solicitó asilo político. Como el asunto iba en serio, el Tribunal Superior reculó y le ofreció reinstalarlo, esta vez en el juzgado 39 de lo civil. Por supuesto el agraviado no confió en sus perseguidores y continuó el trámite hasta que hace unos días el gobierno de Estados Unidos le concedió formalmente el asilo solicitado.

Para emitir su fallo, las autoridades estadounidenses consideraron que en el caso de Montes de Oca no había conductas delictivas que ameritaran la persecución a que fue sometido por la Policía Judicial del Distrito Federal debido a la arbitrariedad de un juez de consigna, y determinó que sí existía persecución por motivos políticos, lo que por supuesto deja muy mal parado al Tribunal Superior de Justicia capitalino y en especial a su presidente, quien seguramente dormirá tranquilo, pues en un medio tan corrupto no se puede esperar justicia, ni por Azar.