Tarea pendiente
René Anaya
El interés del nuevo gobierno por impulsar la ciencia y la tecnología, al parecer no se quedará en el discurso ya que en el Plan Nacional de Desarrollo, en la meta México con educación de calidad, se lee en el Objetivo 3.5: “Hacer del desarrollo científico, tecnológico y la innovación pilares para el progreso económico y social”, y en cinco estrategias se delinean acciones que se llevarán a cabo para lograrlo.
Entre las líneas de acción no se menciona la divulgación de la ciencia, la cual puede desempeñar un papel importante para el desarrollo de la investigación científica y tecnológica, ya que podría contribuir a conformar una masa crítica de ciudadanos.
El valor de la comunicación de la ciencia
En los últimos años, varios especialistas e investigadores han referido que se requiere un nuevo contrato social para la ciencia y la tecnología “entendido como el adaptar la ciencia y la tecnología a las nuevas realidades políticas, sociales y medioambientales”, según ha señalado Mónica Lozano en su trabajo “El nuevo contrato social sobre la ciencia: retos para la comunicación de la ciencia en América Latina”, en Razón y Palabra, nov-dic., 2008. En ese nuevo contrato deberá realizarse una verdadera comunicación, es decir que el mensaje vaya en las dos direcciones, en una realimentación productiva y no solo del científico y el comunicador hacia la sociedad.
En esas condiciones se podría considerar que la comunicación social de la ciencia, además de dar cuenta del acontecimiento científico y tecnológico, deberá proporcionar el contexto sociocultural, económico y político, así como las repercusiones que podrá tener tanto en el ámbito privado como en el social.
De esa forma, se podrá presentar una visión más completa de la trascendencia de la investigación científica y tecnológica, pues no se considerará como un fenómeno aislado del entorno. Por eso, en la medida en que se informe sobre los beneficios y también perjuicios que ha producido la ciencia, así como de sus aportaciones para lograr la comprensión de los fenómenos naturales y sociales, se entenderá mejor la importancia de cultivarla y de orientar o redefinir líneas de investigación que tarde o temprano nos podrán afectar para bien o para mal.
Si se logra insertar la actividad científica y tecnológica en las preocupaciones cotidianas de la sociedad y la clase gobernante, entonces se tendrán más oportunidades de contribuir a crear un pensamiento científico que aliente la conciencia crítica de la población para que pueda influir en la política científica, con el propósito de lograr el desarrollo integral del país. Esto solo se podrá conseguir con una política científica de Estado en la que se incluya, indudablemente, una política de comunicación social de la ciencia.
La formación de los comunicadores
Esa política de comunicación deberá comprender también la formación y actualización de los comunicadores de la ciencia, que puedan transmitir el nuevo conocimiento y señalar las repercusiones que pueda tener, así como propiciar la participación de la población en el planteamiento de los problemas y posibles soluciones.
Por supuesto que la formación de divulgadores y periodistas científicos no debe ser una preocupación únicamente de quienes nos ocupamos de los medios impresos y electrónicos, sino también de las autoridades educativas, los centros de investigación y el gobierno, en general, ya que en la medida en que se cuente con profesionales de la divulgación y el periodismo de la ciencia mejor preparados, se podrán realizar campañas de divulgación del conocimiento científico, de sus beneficios y de sus repercusiones; además de que se irá conformando un pensamiento crítico y científico en la sociedad, que podrá exigir la rendición de cuentas de sus gobernantes.
En la medida en que haya más divulgadores y periodistas científicos mejor preparados, se podrá reforzar el pensamiento científico, vale decir crítico, con el propósito de que cada niño, joven y adulto analice la información que se le proporciona, sea capaz de formarse un juicio crítico y decida con conocimiento de causa sobre las situaciones que le atañen directamente en el ámbito cercano; y que los jóvenes y adultos, en el ámbito público, influyan en la toma de decisiones sobre política científica y sobre otros aspectos de la vida democrática del país.
Probablemente de esa manera se podrá lograr la democratización del conocimiento y, quizá solo entonces, el conocimiento científico y tecnológico, así como la apreciación del arte y otras expresiones culturales modifiquen a la sociedad.
Por lo tanto, sería conveniente que se sentaran las bases para propiciar o fomentar la comunicación social de la ciencia, tanto en las secretarías de Estado relacionadas con el quehacer científico y tecnológico, como en las universidades y centros de investigación, de tal manera que la demanda de comunicadores de la ciencia aliente la formación de más divulgadores y periodistas científicos.
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