Carlos Guevara Meza

Difícil se pone la situación internacional con la guerra civil en Siria. El sábado 11 de mayo una serie de atentados con coches-bomba asoló la ciudad turca de Reyhanli en la frontera con Siria, lugar de acogimiento de refugiados de guerra. Cientos de heridos y alrededor de 40 muertos fueron el resultado. El gobierno turco de inmediato señaló como sospechoso al régimen del presidente Bashar el Assad y las declaraciones duras por parte de altos funcionarios no se hicieron esperar. Aunque el primer ministro turco Erdogan llamó a la calma y, al menos como hipótesis, se manejó también la posibilidad de que los atentados estuvieran relacionados con el conflicto kurdo, la mayoría de la opinión pública y por lo visto también las fuerzas de seguridad optaron por la conexión siria.

Horas después fueron detenidos nueve hombres, todos turcos, pero tanto el ministro del Interior, Muammer Güler, como el viceprimer ministro, Besir Atalay, señalaron que estaban vinculados con los servicios de inteligencia de El Assad.

La población de Reyhanli también ha optado por esta hipótesis e incluso desde antes de los atentados ya se habían producido roces, por no decir enfrentamientos, entre jóvenes turcos y refugiados sirios en la ciudad, actitud que ha sido rechazada por el gobierno que considera a los exiliados como “huéspedes”. Por su parte, la comunidad internacional ha rechazado los atentados. Nada menos que el secretario general de la OTAN calificó los hechos de “despreciables” y reiteró el apoyo a Turquía, miembro de esa organización militar.

Así las cosas, es posible esperar una escalada en la tensión entre ambas naciones, que ya de por sí ha subido de tono desde el inicio de la rebelión contra El Assad. Del lado turco de la frontera se ha incrementado notablemente la presencia militar y ya se ha respondido con fuego algunos tímidos intentos de ataque a los refugiados.

Pero no es la única frontera en la que hay problemas. Israel también ha comenzado a incrementar su presencia en la zona ocupada de los Altos del Golán, a raíz de incursiones de guerrillas rebeldes (de signo islamista) en la zona desmilitarizada entre ambos países. Estas incursiones han llegado al extremo de secuestrar soldados de la fuerza de paz de la ONU que vigila esa zona (lo que ha llevado a los países que la integran a cuestionar su presencia ahí).

En esa frontera no se ha disparado un tiro desde la Guerra del Yom Kippur en 1973, hasta ahora. Israel también ha lanzado ataques en territorio sirio, no reconocidos oficialmente, contra supuestos transportes de armas dirigidos a la milicia libanesa Hezbollah, que también ha comenzado a intervenir en la guerra del lado del régimen con hombres y armas. Entre las milicias que combaten a El Assad hay varias de fuerte tendencia fundamentalista que no les molestaría la oportunidad de recuperar el territorio sirio ocupado por Israel.

Mientras tanto, la posibilidad de una intervención occidental en Siria parece desvanecerse con el reciente acuerdo entre Estados Unidos y Rusia que, en palabras del flamante secretario de Estado norteamericano, John Kerry, no necesita como condición previa de un pronunciamiento sobre la permanencia de El Assad en el poder, lo que significa un viraje importante respecto de la postura anterior.