Juan Antonio Rosado
…la democracia, ese curioso abuso
de la estadística.
Jorge Luis Borges
Un personaje de Aldous Huxley, independientemente de que en la obra sea medio demagogo y algo detestable, afirma algo digno de ser pensado con detenimiento: “La ley del mundo democrático es la cantidad. Quienes estamos fuera de ella creemos en la calidad. Para los políticos democráticos la voz del mayor número es la voz de Dios; su ley es la ley que gusta al populacho”. La famosa “tiranía de las masas” o “del número”, como se ha definido a nuestros sistemas democráticos actuales, es la premisa de la que parten los políticos para legitimarse, aunque sea por medio de la recolección, de la cantidad, de la suma obtenida por cualquier medio (o miedo).
El problema de la postura democrática no es el simple hecho de que las minorías no cuenten, sino de que las mayorías sin educación, con inteligencia precaria e instintos primitivos, que se rigen por lo inmediato y se conforman con cualquier migaja, no sean sino un reflejo grotesco de los propios gobernantes, semejantes a ellas, pero con el poder de decidir sobre ellas.
No me queda, en las circunstancias actuales, sino volver al humanismo y aconsejar a los políticos que vuelvan a él. Tomás Moro afirmó algo contundente: “Los seres humanos hicieron a los reyes (léase gobernantes) para su propio bien, no para el de éstos; para poder vivir tranquilamente de su trabajo y sus afanes al abrigo de contratiempos. Es, pues, deber del soberano velar más por la prosperidad de su pueblo que por su felicidad personal”, y más adelante: “Reinar sobre un pueblo de miserables no es propio de la dignidad de un soberano, a la que corresponde ejercer su potestad sobre los ricos y felices. Fabricio, aquel gran espíritu, bien lo sabía al decir que prefería mandar a los ricos que ser rico. Y ciertamente, cuando sólo uno vive en el lujo y los placeres, mientras a su alrededor todo son lamentos y gemidos, cuida de una cárcel y no de un reino (léase país)”.
En eso se ha convertido México, como en la época del porfiriato: un puñado de familias que viven en la extrema riqueza, en tanto que subsiste una mayoría en la extrema pobreza. Sin educación, sin oportunidades, la polarización tensa la sociedad y produce frustración, resentimiento, lo que lleva a situaciones de inseguridad y violencia. Pero ya lo decía Erasmo de Rotterdam: “Los oídos de los príncipes aborrecen la verdad y por esta misma razón rehúyen a los sabios”.

