Entrevista a María Dueñas/Autora de Misión olvido

Eve Gil

Con sólo dos novelas —¡pero qué novelas!— la española María Dueñas (Puertollano, Ciudad Real, 1964) se ha ganado el corazón de miles de lectores en todo el mundo. Traducida a veinticinco lenguas, la autora de Tiempo de costuras ha igualado la hazaña de ventas y aceptación de crítica con Misión olvido (Planeta, Temas de Hoy, 2012), no obstante, como ella misma menciona, la delicada crisis económica que atraviesa su país y el consecuente estado de ánimo que parecería no estar para intrigas románticas. En Latinoamérica, Misión olvido se ha sostenido durante seis meses en la lista de los libros más vendidos, razón de su visita a México.

El secreto

¿Cuál es el secreto del encantamiento que ejerce María?, se preguntarán algunos. El secreto es escribir la clase de novelas que a ella le gustaría leer.

“Como lectora —señala la muy sonriente María— me gustan las novelas que me reservan sorpresas insospechadas, disfruto de esos quiebros inesperados en la trama, de los personajes que resultan no ser quienes dicen ser, que arrastran secretos a las espaldas y se van desplegando en insospechadas facetas, así como se va abriendo la propia trama en pequeños subtramas o hilos conductores que se van apartando de la historia inicial. Así intento que sean mis novelas, no lineales ni previsibles en su linealidad, que al lector siempre le aguarden giros inesperados y los personajes tengan más dobleces de lo que demuestran.”

“Vengo —dice— del mundo académico, he sido profesora universitaria durante veinte años y con conexiones y estancias en Estados Unidos, por consiguiente estoy familiarizada con estos ambientes, y la vida del campus en concreto. América me pareció un terreno muy fértil para una ficción porque es un territorio más cerrado. En la mayoría del mundo, las universidades forman parte de la vida citadina, en Estados Unidos no. Generalmente están al margen de las grandes ciudades, y ese era el escenario que requería para ambientar mi historia.”

En mundos poblados de personajes enigmáticos, la que pareciera guardar más secretos en el mundo novelístico de María Dueñas es la protagonista Blanca Perea, en el caso de Misión olvido, una respetable y esforzada académica que se siente incapaz de lidiar con la infidelidad de su esposo de muchos años y opta por ocultarse del dolor en el que pareciera ser el último rincón de la tierra.

“Las mujeres tenemos —dice— muchos dobleces, somos poliédricas, dependiendo desde qué ángulo se nos mire. Muchas veces, hasta que no tenemos la necesidad de mostrar nuestras caras, no las dejamos ver. Eleanor Roosevelt decía que las mujeres eran parecidas a una bolsa de té: nunca ves su verdadera esencia hasta que las introduces en agua hirviendo, y a mis personajes les pasa justo eso: cuando la vida les va dando golpes y las va fracturando, ellas se despojan de capas y hacen uso de todos sus recursos, pero nada de eso ocurriría si su vida fluyera tranquilamente.”

El papel de los personajes

Si bien en las novelas de María existe una protagonista muy bien definida, pareciera no haber sitio para personajes secundarios: prácticamente todos merecerían un análisis, un comentario, pero centrémonos por el momento en dos de ellos: Daniel Carter, un académico estadounidense de simpatía arrolladora que tras su sonrisa oculta un episodio sumamente doloroso, y Andrés Fontana, un olvidado escritor ya fallecido, cuya vida y obra Blanca tiene por misión reconstruir, aunque a muchos no les conviene que esa historia regrese de los archivos muertos.

“Daniel Carter —dice la novelista— es un personaje imaginario al cien por cien, pero a lo largo de mi vida académica he tenido amigos, profesores, colegas de los que he tomado un pellizquito de esencia para armar un personaje autónomo. Le tengo un cariño muy especial, quizá porque ha sido un reto. Blanca es una mujer de mi tiempo, de mi época, no soy yo, pero es como si fuera mi hermana o mi compañera; para Andrés Fontana partí de los escritores españoles en el exilio, pero para crear a Daniel Carter no lo hice de nadie en concreto, aunque he de reconocer que también me inspiré un poco en estos americanos un poco locos que llegaron a España en los años cincuenta y se dejaron absorber por esta sociedad, pero en general lo fabriqué a partir de mi imaginación y de mi intuición. Creo que es mi personaje favorito por el reto que me ha supuesto y por lo satisfecha que estoy del resultado, con base en lo que comentan los lectores.”

Andrés Fontana, por su parte, es un estudioso de Ramón J. Sender, y María confiesa que se inspiró en el propio Sender para crear a este personaje.

“Comparten —dice— el hecho de ser exiliados después de la guerra [civil española], aunque Sender es forzosamente exiliado y Fontana lo es de manera voluntaria, pero los dos se alejan de su patria de por vida y acaban muriendo en territorio extranjero. Me inspiré más en el Sender de los años finales de su vida, a partir de un libro delicioso que recoge su correspondencia con Carmen Laforet, cuando ella era una escritora muy jovencita, y se le aprecia muy humano, trasterrado, sentimental, con una gran soledad, que se enamora de Carmen sin conocerla porque es el reflejo de su patria, de sus años felices. Fontana simboliza, en cierta manera, el exilio español. La mayoría de los intelectuales fueron a México, pero hubo un puñadito que terminaron recalando en universidades estadounidenses. Sender llegó originalmente a México, pero cuando los propios exiliados españoles lo rechazaron, se fue a Estados Unidos.”

Tercer libro

María Dueñas afirma no tener muy claro el argumento de su tercer libro: “Mis novelas están compuestas de distintas capas, de múltiples personajes, digamos entonces que estoy pensando apenas en la primera capa, en el arranque. Me gustaría que no rompiera del todo con las anteriores en el sentido de volver a reunir personajes que no tendrían por qué conocerse siquiera y, sin embargo, insospechadamente, terminan juntos.”