Sara Rosalía

 Apareció en los diarios la lista de las 200 mejores universidades del mundo y, como siempre, la Universidad Nacional Autónoma de México ocupó el mejor lugar nacional, el segundo el Instituto Politécnico Nacional y el tercero, siempre en nivel nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana. Esta evaluación anual incluye a 2 mil 858 universidades del mundo y la UNAM ocupó el lugar 31 en las carreras de Lenguas Modernas, el 32 en Filosofía, el 34 en Educación (Pedagogía), el 42 en Sociología, el 44 en Geografía y el 49 en Ciencias del mar y de la tierra. Entre los lugares 50 a 100, recuérdese que se evalúan más de 2 mil, la UNAM se distinguió en ciencias ambientales, ingeniería civil, ingeniería química, psicología, farmacéutica y matemáticas. De 100 a 150 en Economía, Derecho, Física, Química e Ingeniería eléctrica.

El IPN fue reconocido en ciencias ambientales y ciencias de la computación. La UAM en agricultura. Uno bien puede alegrarse y cantar desde como México no hay dos o de perdida un goya o un huelum, pero por lo que se trae aquí a cuento es que en este mismo espacio hemos leído que las autoridades de la Secretaría de Educación Pública están empeñados en disminuir horas dedicadas a su estudio o de plano hacer desaparecer de la educación media superior (antesala de los estudios universitarios) las mismas disciplinas que ocupan lugares reconocidos en el ranking mundial de universidades, como Literatura (sustituida por Talleres de redacción y lectura), Filosofía , Lógica y Ética (por Derechos Humanos, Formación ciudadana e incluso Filosofía de la vida), Historia (algo así como media hora a las culturas prehispánicas en primaras y secundarias), Geografía (que ya suprimieron en algunas escuelas de Estados Unidos) y así por el estilo. Total lo que quiero decir es que hay mucha ideología y política, y no por parte de los profesores y estudiantes, sino de las autoridades. Se echan al desván estas materias, ya porque preocupa el sentido crítico o incluso porque no dejan dinero.

En Finlandia, el mejor modelo y gratuito

La educación de Finlandia ocupa (u ocupó en uno de estos años) el primer sitio en el Informe Pisa, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Sergio Sarmiento se apresuró a entrevistar a unos educadores finlandeses sobre por qué el finlandés es el mejor sistema educativo del mundo y la primera respuesta, y Sergio no me dejará mentir, fue: la enseñanza es gratuita en todos los niveles, desde la primaria hasta la universidad, incluso para adultos que trabajan y desean cursar una carrera en la universidad.

El transporte (más allá de cinco kilómetros) es proporcionado por las escuelas y se ofrecen comidas gratuitas igualmente. Las evaluaciones desde el quinto año de primaria no son ya numéricas para no fomentar la competencia, sino la curiosidad y la experimentación. Se relaciona lo tratado en clase con la vida real, con lo que ocurre fuera de la escuela. Menos que en otros países pasan los niños en los locales escolares. Hay tolerancia y no son uniformes los cursos. Las tareas no son excesivas. Se considera que los padres y no en primer lugar la escuela, son responsables de la educación de los hijos. Se trata, dicen los profesores, de enseñar a los estudiantes a pensar.

Exactamente lo contrario de aquí. En los últimos tiempos es bien sabido, se fomenta la competencia con los sistemas de becas. Los estudiantes viajan horas para llegar a la escuela. Se trata de evaluar, y despedir a los profesores; de evaluar, y reprobar a los estudiantes. Un alumno me preguntó, pero eso con qué intención, y contesté, para disminuir la matrícula escolar y que sea menor el número de los rechazados en la enseñanza superior. Un reprobado, no es que no alcanzó cupo, es que no merece estar dentro del sistema escolar.

La enseñanza por competencias es exactamente lo contrario de enseñar a pensar, se trata de hacer sin pensarlo en absoluto. Se considera pésimo que se relacione lo que se enseña con lo que pasa en la calle. No sea la de malas que los alumnos adquieran conciencia social. Se proponen los exámenes de admisión en todos los niveles, y de preferencia, los departamentales que uniforman las preguntas y las respuestas.

Se hacen programas de productividad entre los profesores que redundan en diferencias salariales. Se nos trata de convencer de que lo que cuesta se aprecia más.