Antonio Rondón
Las pasadas elecciones en Montenegro lo dejaron como un país demasiado pequeño para un solo presidente, en medio del desconocimiento por el opositor Miodrag Lekic de la victoria en las urnas del actual jefe de Estado, Filip Vujanovic.
Los resultados de los comicios del 7 de abril favorecieron a Vujanovic, quien por tercera ocasión ocupa el sillón presidencial por otros cinco años, en un tema que fue uno de los más polémicos durante la campaña electoral.
Sin embargo, para esta nación de apenas 680 mil personas, un jefe de Estado no parece bastar, pues Lekic, el único candidato opositor, se proclamó vencedor apenas sin conocerse los resultados definitivos y continuó en ese empeño aún después que se le dio por perdedor.
La república atestada de montañas con un extremo margen en el Adriático está sumida en una grave crisis económica, en medio de un desempleo que afecta al 20 por ciento de su población, mientras la deuda externa supera el 55 por ciento de su Producto Interno Bruto.
Vujanovic, del Partido Democrático de los Socialistas, busca llevar al país a reformas económicas de ajuste similares a las aplicadas en otras naciones europeas en problemas como Grecia, Portugal, España o Chipre.
A diferencia de otros estados europeos en crisis, Montenegro aplica por sí misma las medidas de ajuste, con la promesa de los políticos de que ello ayudará a un buen tránsito por las negociaciones de adhesión a la Unión Europea (UE).
Precisamente, la separación en 2006 de Montenegro del estado que formaba de conjunto con Serbia hacía apenas tres años, estuvo muy relacionado con las intenciones de Pergorica de adherirse a la UE y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Sin embargo, la presencia de solo dos candidatos en las elecciones presidenciales y la negativa de Lekic a reconocer los resultados abren un compás de espera en una diminuta nación que aunque con historia propia avanza con dificultad en Europa.
Antecedentes en la tierra de las montañas
Pero la historia de la pequeña Montenegro, al menos hasta donde se conozca, se remonta a la época de Justiniano, del imperio Bizantino, que se apoderó de esa región y la pobló con esclavos, y hasta el siglo X se denominó Dioclea.
Luego estuvo hasta 1516 bajo tutela de Austria y más tarde bajo la dirección de un ruso, Pedro III, hasta que murió en 1773 y luego fue comandada por Pedro I hasta el último regente, Nicolás, de 1860 a 1918, cuando se crea Yugoslavia.
Durante la II Guerra Mundial, fue ocupada un tiempo por los fascistas italianos que por un año la proclamaron un estado independiente. Al concluir la conflagración, se creó la República Socialista de Montenegro dentro de la Federación Yugoslava.
Durante la desintegración de Yugoslavia en la década de 1990, Montenegro participó junto a Serbia en la lucha contra el separatismo de Croacia y Bosnia-Herzegovina y en 2003 constituyó un estado con Serbia.
Luego de un referendo sobre la independencia, favorecido por el 55 por ciento de los votos, Montenegro proclamó la formación de un estado soberano el 3 de junio de 2006.
La polémica
La situación se tornó tensa luego de estos comicios, pues aunque la mayoría de las encuestas previas le daba al jefe de Estado una victoria con 55 por ciento de los votos, el resultado con el que se proclamó vencedor fue de 51.3.
Montenegro camina cuesta arriba para salir de la crisis económica y cumplir con las exigencias de la Unión Europea de combate a la corrupción, en medio de la inestabilidad política creada por el resultado de las presidenciales.
