Retórica o resultados
Marco Antonio Aguilar Cortés
El Pacto por México no puede ser un instrumento de extorsión, y nadie puede asegurar, con certidumbre, que ya haya superado la crisis, cuando el país a que invoca aún se encuentra en ella.
“Todos debemos cuidar el Pacto por México”; así lo expresó Miguel Barbosa, líder de los senadores del PRD, según nota periodística, agregando que “el prestigio y el valor fundamental de la administración del presidente Enrique Peña Nieto dependen de ello”.
Además preguntó el senador Barbosa: “¿quién tiene que cuidar el Pacto?”; respondiéndose: “¡Todos!”
Un pacto es un convenio firme entre dos o más partes, obligándose, ellas, a su cumplimiento.
Partiendo de ese concepto, el Pacto por México indica que tal acuerdo tiene como propósito nuestra nación; y no olvidemos que México es todo nuestro territorio, incluido el suelo continental, sus islas, archipiélagos y cayos adyacentes, el mar territorial y el patrimonial, el subsuelo de todo este territorio en forma cónica hasta el centro del planeta, y el espacio aéreo que corresponde a toda esta área territorial hasta terminar la capa de gases atmosféricos.
Son territorio patrio, además, los barcos y los aviones con bandera mexicana, las embajadas, consulados, legaciones, conforme a los principios de reciprocidad establecidos en los tratados legalmente suscritos por nuestro presidente de la república y aprobados por la Cámara de Senadores, con apego a nuestra Carta Magna.
Pero el elemento fundamental y de mayor valía de México es su población, quien a través de un ejercicio soberano impone el sistema jurídico, y elige el gobierno en sus tres niveles: federal, estatal y municipal.
Así, México no es un objeto, no puede ser la simple cosa de un pacto; a México lo constituimos decenas de millones de mexicanos, que estamos lejos de ser cosas u objetos.
Absurdo resulta que un pacto por México, según el senador perredista, tenga como motivo, o razón suficiente, el cuidar “el prestigio y el valor fundamental de la administración del presidente Enrique Peña Nieto” pues, según el legislador citado, ese prestigio y ese valor dependen del pacto.
Eso conduce al parlamentario Barbosa a imponernos, a todos, el cuidar el pacto, cuando no hemos sido invitados, todos, a suscribirlo, ya que debemos ser sujetos del pacto, y no objetos de él.
En mi caso personal, y acaso así piensen también millones de mexicanos, veo en principio con simpatía la existencia de ese Pacto por México, ante el desorden, desempleo, violencia, pobreza, ignorancia, inseguridad y confusión en que nos debatimos.
Pero ese convenio no puede ser un simple documento de pactolandia, un pacto de notables, quizá no tan notables, pero que sí, hay que reconocerlo, han tenido el valor de dar el primer paso.
Que tengan los pasos siguientes un procedimiento integrador, para que en ese pacto estemos todos, o al menos la mayoría, convencidos del rumbo, su propósito y su eficacia.
