Le dijeron borracho, ridículo, gordo, chichisparalabanda

Carlos E. Urdiales Villaseñor

Cuando terminó la final del futbol mexicano entre América y Cruz Azul, una de las más emocionantes, a decir de especialistas en el tema, comenzó una historia que nadie había imaginado: la imagen por televisión, en su pantalla, del dueño del equipo águila haciendo lo que a muchos les pareció inadmisible.

El tratamiento en redes sociales, ya lo sabemos y ahora lo comprobamos, no siempre corresponde a la percepción de otros mexicanos que hacen su vida sin ciber-activismo, sin mundos virtuales, y donde el anti-todo, sistema, PRI, Televisa y demás “mafia en el poder”, dirían los clásicos, no campea como algunos quieren tuit-imaginar o face-pensar.

Si me paseo por mi apreciado time line de Twitter y me fío de lo que ahí leo, Televisa ya hubiera quebrado hace tiempo por falta de rating, el PRI no hubiera ganado la elección ni Peña Nieto viviría en Los Pinos, tampoco existirían los gentleman ni las ladies de ningún lado, porque en la red social parece todo mejorado, evolucionado, y está bien, sin duda que gran parte de esa comunidad compartimos el anhelo de más ciudadanía y más civismo.

Ver a Emilio Azcárraga Jean, CEO de Televisa y dueño del América (¡campeonísimo!) festejar como lo hizo, despertó ese resentimiento social que también anida en las redes. Que si borracho, que si ridículo, que si gordo, que si #chichisparalabanda, que si lamentable. Le llovió sobre mojado (literal) y lo único que me pregunto es por qué no hubo alguien en la producción de Televisa que tuviera la sensibilidad de cuidar de sí mismo a su jefe

Azcárraga Jean logró para la posteridad una molestia gratuita dada la exposición del personaje y la animadversión que carga en automático sobre todo en ese sector más “informado” y activista. La fotografía será editada, reeditada, será portada en algún semanario y otras publicaciones. Sin embargo, habrá quien observe en esa estampa a un ser humano de carne y hueso, cercano en la pasión que despierta el deporte más popular en el mundo. Emilio Azcárraga no estaba obligado a contenerse, pero su televisora a través de la producción hubiese podido ahorrarle un autogol.

Sobre los argumentos tuiteros que señalan con índice flamígero (dixit Francisco Rodríguez) a Televisa y su presidente como responsable de la educación, de la democracia, de la desinformación y demás dolencias nacionales, queda la poca sustancia y la mucha fantasía.

Finalmente, no fue obligatorio mirar el frívolo espectáculo futbolero amañado y sospechoso, no había que soportar la estulticia de ver celebrar a un americanista que vivió, igual que muchos, una final de ensueño con un desenlace digno de telenovela, ¡nunca mejor dicho!

 

@CarlosUrdiales