Susana Hernández Espíndola

A lo largo de los sexenios panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, la relación de México y Estados Unidos fue tan subordinada de este lado del Río Bravo, que faltó muy poco para que nuestra nación se convirtiera en la estrella número 51 en la bandera de la Unión Americana.

Los pretextos, primero, de la guerra al terrorismo, y después, de la lucha contra las bandas criminales organizadas, sirvieron como pivote para tal incursión estadounidense en el territorio y espacio aéreo mexicanos que, incluso, se trató a la tierra azteca como una extensión de Irak y Afganistán, en donde los drones —aviones espías no tripulados— armados iban y venían como Pedro por su casa, mientras un ejército de agentes enviados por Washington construían redes de espionaje tan extensas y complejas que ellos mismos las llamaron las “cañerías”.

Por fortuna, ese nivel de intromisión, tratado con el eufemismo de “cooperación”, parece estar llegando a su fin con el nuevo gobierno mexicano, que ha comenzado a retomar la rectoría y el control de sus políticas de seguridad nacional, privilegiando la prevención del delito, muy a pesar de Washington, que ve en este viraje un “peligro” para la permanencia de sus hordas de rangers en suelo mexicano.

Momentos cruciales

La visita de Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, a México, este 2 y 3 de mayo, ocurre, por eso, en un momento crucial para ambas naciones. Por un lado, al  gobierno de Obama —en su segundo y último periodo— le es de suma importancia que el Congreso apruebe la reforma migratoria que, entre otras bondades, le daría la ciudadanía a cerca de 11 millones personas que viven ilegalmente en la Unión Americana. Un compromiso que, hay que subrayar, Obama prometió cumplir desde que lanzó su candidatura presidencial en 2008.

Luego de la masacre en una escuela primaria en Newtown, Connecticut, en 2012, y del atentado terrorista ocurrido el pasado 15 de abril en el maratón de Boston, el presidente Obama se pronunció a favor del control de armas, que incluye la prohibición de la tenencia de rifles de asalto. Sin embargo, la fuerte oposición republicana en el Senado ha planteado el riesgo de que la modificación a la Segunda Enmienda constitucional de la Unión Americana no prospere.

Los extranjeros asentados ilegalmente en la nación del norte, podrían también pagar los platos rotos de las acciones terroristas, ya que el proyecto presentado por el grupo bipartidista de ocho senadores y que prevé mayores medidas de reforzamiento de la seguridad en la frontera, al tiempo que abrir camino a la legalización para migrantes indocumentados y mayor acceso legal de trabajadores temporales, podría resultar afectado.

La Comisión Judicial someterá a votación el proyecto de ley en los próximos días y la  iniciativa será llevada al pleno antes de junio. No obstante, él ánimo de castigo a los responsables de los atentados, señalados como extranjeros, podría dinamitar la reforma.

 

La nación se despereza

Por otro lado, el Ejecutivo mexicano, encabezado ahora por un militante del PRI, ha venido promoviendo cambios y desatando los lastres que dejaron las dos administraciones anteriores.

En primera instancia, se ha logrado que las principales fuerzas políticas (PAN, PRD y PRI) signaran el llamado “Pacto por México”, un acuerdo político nacional propuesto para impulsar el crecimiento de la sociedad en los ámbitos económico, de empleo y de competitividad; de seguridad y justicia; de transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción; de gobernabilidad democrática, y de respeto a los derechos y las libertades.

Diez días después de que asumió la Presidencia, Enrique Peña Nieto dio a conocer una nueva estrategia en política de seguridad, que privilegia la prevención del delito, con la que pretende reducir la violencia y los homicidios generados por las acciones de narcotraficantes, en lugar de abatir directamente a los líderes de los cárteles. Anunció que la Secretaría de Gobernación concentrará los contactos con todas las agencias policiales estadounidenses que operan en el país y creará una policía militarizada, con más de 40 mil efectivos de lo que se llamará “Gendarmería”. La estructura de investigación y policiaca que había bajo el mandato de Felipe Calderón —y que nunca funcionó— quedó disuelta.

La reforma educativa, aprobada el 6 de febrero de 2013, fue uno de los primeros acuerdos en llevarse a la práctica. Al día siguiente de que el primer mandatario la promulgara, ocurrió el inesperado arresto de la, hasta ese momento, “intocable” lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo. Este hecho fortaleció la figura presidencial.

Otro eje rector del actual gobierno, y que le está dando otra ruta al país, es la “Cruzada Nacional contra el Hambre” —presentada oficialmente el 21 de enero pasado, en Chiapas—, la primera estrategia de política social que pretende abatir de manera masiva la pobreza, la desnutrición y la marginación social en México.

 

Derechos humanos, seguridad y comercio

Se espera que en este primer viaje del mandatario de los Estados Unidos a nuestro país durante la administración de Peña Nieto, se aborden los temas de seguridad nacional, el control de armas, la inmigración, el comercio y el crecimiento económico.

Obama ha externado su deseo de que la cooperación económica se convierta de nuevo en la prioridad de las relaciones entre ambas naciones, luego de que durante casi una década, la lucha contra el crimen organizado acaparó la agenda bilateral.

Según la Casa Blanca, el intercambio comercial bilateral México-EU asciende a mil 400 millones de dólares diarios, y la Unión Americana lo quiere incrementar para mejorar la competitividad de ambos países en el mercado global.

En lo que respecta a la situación de los derechos humanos en México, varios congresistas y la organización no gubernamental Human Rights Watch (HRW) han insistido en que Obama priorice ese tema, dadas las “violaciones” registradas durante los últimos años.

 

No más intervención

En cuanto a la seguridad, Peña Nieto prometió que los Estados Unidos no tendrán más un papel protagónico en la lucha contra el narcotráfico en territorio azteca. Consideró que la intervención militar estadounidense debe ser limitada y sólo contemplaría la posibilidad de que asesores de allá entrenen a nuestros efectivos policiacos en tácticas de contrainsurgencia.

El papel estelar que Estados Unidos había tenido en la guerra contra el narcotráfico, ha provocado que el gobierno de Obama tema perder fuerza en la cooperación de seguridad, en la que ya empiezan a producirse cambios, consignó recientemente The Washington Post.

Sin embargo, pese al “peligro” que los norteamericanos ven en el cambio de estrategia mexicana, como lo advirtió ese diario, lo deseable ahora es que ambos presidentes definan una nueva relación estratégica, la cual, sin duda, tendrá importantísimas consecuencias geopolíticas.