Luis Terán

 Cuando Sara Montiel llegó a México proveniente de su patria, España, fue en 1949; ya había filmado una docena de películas en la península ibérica en papeles importantes, aunque no centrales; una de estas cintas constituyó un fenómeno de taquilla en México: Locura de amor que durante ocho semanas provocó estallidos de asombro y lágrimas vertiginosas entre el público femenino que no daba crédito que la reina, Juana la loca, amara hasta perder la razón a su marido Felipe, calificado “El hermoso”; el cine Arcadia recibió a más de ciento cuarenta mil espectadores en los dos meses que se proyectó el film en su pantalla. Los cines de segunda y tercera corrida tuvieron tumultos por la creciente fama de la cinta.

Como Juana, la reina loca, en una sobrecogedora sobreactuación, Aurora Bautista llega a límites insospechados de histeria: grita, se retuerce, se arroja al piso, se incorpora trémula y con voz de agonizante apenas alcanza a sujetarse de cualquier cortina o mueble a mano, sólo para constatar que sigue viva y puede continuar reclamando a la vida la muerte de su rey; se desgañita a tal extremo que uno verdaderamente cree que la señora Bautista, la actriz, está completamente zanfarinfas, zafada, loca rematada.

En esta Locura de amor, el director Juan de Orduña dio su primera oportunidad de lucirse a la Montiel interpretando a una bella árabe de rostro enigmático; todo el reparto luce sobrio y en su lugar junto a su deschongada alteza. La Montiel se ve radiante de belleza con su peinado y ropas de estilo moro.

El mismo Orduña le aconsejó a la Montiel viajar a México para aprovechar el éxito de la película. La visita le acarreó una enorme cantidad de admiradores y un sinfín de propuestas para filmar de diversos productores cinematográficos mexicas.

La Montiel volvió a su tierra natal para rodar Aquel hombre de Tánger, coproducción anglohispana, y después, Pequeñeces, nuevamente al lado de Aurora Bautista y Jorge Mistral. Una vez cumplidos estos contratos, Sarita regresó a México para instalarse como una verdadera figura local: se quitó el acento español y se quedó a vivir seis años en la ciudad de México.

Ya como luminaria del cine mexicano actuó junto a Arturo de Córdova en la coproducción de México y Estados Unidos, Furia roja. Con Pedro Infante en Necesito dinero, después, otra vez con el ídolo de Guamúchil en Ahí viene Martín Corona y El enamorado, colocándose en un primerísimo plano de popularidad. Reunida con Miroslava y Katy Jurado, consiguió impactar al público con una intensa actuación dramática en Cárcel de mujeres.

En cadena, vinieron comedias urbanas y rancheras: Ella, Lucifer y Yo, con Abel Salazar; Yo soy gallo dondequiera, con Joaquín Cordero; ¿Por qué ya no me quieres? y Se solicitan modelos, éstas muy románticas, con el galán, Raúl Martínez.

En Cuba, filmó dos melodramas desaforados, ambos provenían de las radionovelas, aunque la segunda tenía más nivel porque la firmaba la sin igual, Caridad Bravo Adams. El primer título, Frente al pecado de ayer, el segundo, Yo no creo en los hombres.

Piel canela, la dejó ver interpretando una versión tropical del colosal vehículo hollywoodense, Un rostro de mujer, (A woman´s face), un clásico de Joan Crawford, dirigido por George Cukor. Montiel en un ambiente costeño, cantando y bailando en el estilo rumbera de la época, bellísima hasta que un malviviente le destroza la mitad de la cara; un cirujano plástico le devuelve hermosura y valor para enfrentar al mundo y consumar su venganza. Manolo Fábregas es su coprotagonista.

El director alemán, Alfredo B. Crevenna realizó una curiosa cinta policiaca escrita por Luis Spota, Donde el círculo termina; esta incursión de la Montiel en el Film noir, la mostró esplendorosa, plena de misterio, una mujer fatal capaz de traicionar a la menor provocación. Raúl Ramírez y Nadia Haro Oliva, la acompañaron en el reparto.

Hollywood a la vista

Aunque ya había participado en dos cintas en inglés, The man from Tánger (1950) y Stronhold (1951), fue hasta que consiguió que Robert Aldrich, un importante director norteamericano la eligiera para acompañar a Gary Cooper y Burt Lancaster, dos primeras figuras del cine de Hollywood, en Veracruz, que lograra colocarse en el cine norteamericano; ambientada en la época de la Colonia en México.  Impresionante de belleza y muy sobria en su papel, Montiel cautivó a los agentes yanquis, ávidos de figuras exóticas. Su buena suerte siguió en aumento: otro cineasta de primer orden, Samuel Fuller, la eligió para acompañar a Rod Stelger en The run of the arrow, es decir El vuelo de la flecha. La cinta dejó ver a una Montiel muy segura, estaba a punto de conquistar el mundo.

En su tercer film en la meca del cine, Sarita Montiel fue dirigida por uno de los grandes directores de cine Anthony Mann; junto a Mario Lanza y Joan Fontaine, apareció en Serenata; el guión está basado en una novela del gran escritor norteamericano, James M. Caín, el mismo de El cartero llama dos veces y Mildred Pierce; su papel e interpretación consiguieron conmover al público, aquí hizo un alto en su carrera para casarse con Anthony Mann.

Diva

Mann tenía que viajar a España. Se trataba de una plática informal con Samuel Bronston, planeaba llevar a la pantalla El Cid.

De luna de miel, se fue con Sarita a Madrid y comenzaron preparativos con cuatro años de antelación de El Cid. La manchega fue convencida por su viejo amigo, Juan de Orduña. para filmar, El último cuplé. Como la Montiel se quedaba constantemente sola, decidió hacer la película que rememoraba la época del cuplé, cantó con su peculiar estilo lento y pasional, consiguiendo un triunfo enorme en el mundo entero. Mientras, Mann ocupaba su tiempo en la elaboración de la superproducción El Cid, una de sus obras maestras.

Ante el éxito inusitado, increíble, de El último cuplé, siguieron otros vehículos para el total lucimiento de la Montiel como diva, bella y cantante: La violetera, con Raf Vallone; Carmen la de ronda, con Maurice Ronet y Jorge Mistral. Mi último tango, con Maurice Ronet; La reina del chantecler, La bella Lola, Bésame, otra vez con Ronet; Cada noche un amor y Esa mujer, esta última fue plataforma para el homenaje que le hace Pedro Almodóvar en La mala educación, en donde el actor mexicano, Gael García Bernal hace una imitación de la célebre actriz.

Años de presentaciones cantando en España, la entonces URSS, China, Latinoamérica, hasta que lentamente la diva empezó a dejarse ver mucho menos. La luz se fue apagando poco a poco hasta que el ocho de abril de este año, dijo adiós a este mundo.

(Dato curioso: el historiador, investigador y crítico cinematográfico Emilio García Riera, señaló que Sara Montiel siempre mostraba en su rostro un gesto de asco que no desaparecía ni siquiera cuando entonaba canciones en sus películas. Si el público hubiera visto lo mismo que el destacado ensayista la carrera de la diva manchega hubiera tenido resultados completamente diferentes)