Susana Hernández Espíndola
A pesar de la negativa de las autoridades, a muy pocos escapa que la vida nocturna en los bares y los “after-hours” de la Ciudad de México, además de su ensordecedora música, sus luces, sus bailes y su aparente sana diversión, ampara la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad, la prostitución, violaciones a los horarios de servicio, vinos adulterados, abuso excesivo en los cobros de cuentas, el ingreso de clientes armados hasta los dientes, y la venta y consumo de drogas.
Sin embargo, todas esas irregularidades sólo salen a la luz pública, una vez que los centros nocturnos se convierten en escenarios de escándalo y tragedia.
El reciente caso atípico, emblemático y, según el jefe del Gobierno capitalino, Miguel Mancera, “focalizado”, ocurrido en el bar Heavens After, ubicado en la Zona Rosa del Distrito Federal, del que presuntamente desaparecieron doce jóvenes, el pasado 26 de mayo, ha despertado distintas dudas sobre la gestión y operación de los bares y los tales “after-hours”, que no son más que antros de influencia europea que llegaron a nuestro país con cierta corriente de música electrónica y que permanecen abiertos hasta la salida del sol.
Pese a todas las insistencias de las autoridades capitalinas de que los centros nocturnos de la Ciudad de México operan bajo reglas estrictas y de que no han caído en las garras de los cárteles del narcotráfico, la realidad ha rebasado, por mucho, a esos burócratas.
A finales de 2010, tras la tragedia de la que fue protagonista el futbolista paraguayo Salvador Cabañas, quien recibió un disparo en la cabeza cuando se encontraba en el Bar Bar, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó el dictamen de Ley de Establecimientos Mercantiles, que establece que los antros capitalinos pueden cerrar sus puertas a las 5:00 horas, siempre y cuando incrementen sus medidas de seguridad y de combate al alcoholismo.
Entre las medidas que se implementaron, y que evidentemente no se cumplen, se halla la prohibición del acceso a toda persona que porte armas o acuda ya en estado de ebriedad; la permanencia de un médico de guardia, de las 23:00 a las 5:00 horas, y la presencia, también, de un elemento de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF), que cuente con alcoholímetros reglamentados y que vigile que ningún cliente se retire manejando en estado de ebriedad.
Los casos que a continuación se recuerdan, representan sólo un botón de muestra de la podredumbre que prevalece en los pomposos antros capitalinos, muchos de los cuales ganarían, a pulso, el calificativo de “tugurios de la perdición”.
El Black y el baleado
El pasado 24 de mayo, en el interior del bar Black, localizado en la colonia Condesa, un sujeto fue tiroteado y su cadáver fue arrojado en una jardinera cercana al antro.
De acuerdo con sus familiares, el hombre se llamaba Horacio Vite Ángel, tenía 35 años de edad y se dedicaba a la venta de zapatos en el Estado de México. El pobre fue al Black a visitar a su novia, una de las meseras, y entre las ropas que usaba el día de su asesinato se encontraron seis grapas de cocaína y una pastilla psicotrópica.
El infierno del Lobohombo
La madrugada del 20 de octubre de 2000, la diversión terminó en tragedia en la reconocida discoteca Lobohombo, ubicada en la colonia San Rafael, luego de que un corto circuito provocara un incendio. El saldo fue de 22 personas muertas y 30 heridas. El suceso tomó mayor relevancia una vez que se supo que los asistentes quedaron acorralados por las llamas, dado que las salidas de emergencia estaban bloqueadas.
Alejandro Iglesias Rebollo, dueño del inmueble, fue declarado culpable de homicidio culposo y, aunque huyó, fue arrestado en septiembre de 2008, después de que su hija lo denunciara por maltrato.
Actualmente, en el terreno del extinto Lobohombo está una estación de bomberos.
Asfixia masiva en el News Divine
La tarde del 20 de junio de 2008, doce personas fallecieron durante un operativo de la SSPDF, que supuestamente pretendía impedir la venta de bebidas alcohólicas y drogas a menores de edad, en la discoteca News Divine, un bar-discoteca ubicado en la colonia Nueva Atzcoalco de la delegación Gustavo A. Madero.
Fuera de todo sentido común, decenas de uniformados —algunos con pasamontañas— bloquearon el único acceso al lugar, mientras que el dueño dio la orden de apagar el sistema de aire acondicionado. Así, entre el pánico, la desesperación y el sobrecupo —600 jóvenes en sólo 120 metros cuadrados— doce personas murieron asfixiadas, tres de ellas menores de edad y tres policías.
Alfredo Maya Ortiz, propietario del antro, fue encarcelado, pero no por la muerte de los doce ciudadanos, sino por permitir la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad.
Golazo a la cabeza de Cabañas
Lugar favorito de personalidades del mundo del espectáculo, deportivo y político, el afamado Bar Bar, localizado sobre la avenida Insurgentes Sur, también se convirtió en escenario de tragedia. El 25 de enero de 2010, alrededor de las 5:30 horas, el entonces goleador del América, Salvador Cabañas, fue herido de bala mientras se encontraba en los sanitarios del antro, al que llegó en compañía de su esposa, María, y un grupo de amigos. De acuerdo al testimonio de su mujer, Cabañas fue al baño, donde sufrió una tentativa de asalto y, al resistirse, los delincuentes le dispararon en la cabeza. Posteriores investigaciones arrojaron que el incidente se produjo tras una discusión que sostuvo el deportista con el narcotraficante Juan José Balderas (alias el “JJ”), hoy en la cárcel, quien le disparó en la cabeza.
Y aunque Cabañas tuvo una rápida atención médica, la bala —alojada cerca del cerebro— no le pudo ser extraída. Desde entonces el futbolista vio frustrada su brillante carrera profesional. Actualmente vive en Paraguay, con sus padres y hermanos, y administra los negocios familiares. Se encuentra separado de su esposa, que radica en el DF con los hijos que ambos procrearon.
“Los Flacos” y el caso Wallace
A raíz de las investigaciones que con recursos propios realizó la señora Isabel Miranda de Wallace, luego del secuestro y muerte de su hijo, Hugo Alberto Wallace Miranda, el 11 de julio del 2005, se dio a conocer el modus operandi de la banda de plagiarios “Los Flacos”, quienes, en complicidad con cadeneros y meseros de diversos antros, seleccionaban a sus víctimas en los lugares más exclusivos de Bosques de Las Lomas, Condesa, Polanco, San Angel, Miramontes y Acoxpa.
Las indagaciones de la presidenta de la organización “Alto al Secuestro”, llevaron a la detención de algunos integrantes de “Los Flacos” y revelaron que por lo menos hubo 15 casos de secuestro exprés, con las mismas características del plagio del joven Wallace, de los cuales 14 terminaron con la muerte de la víctima.
El Congo del ex “Garibaldi”
Propiedad de Charly, ex integrante del grupo musical “Garibaldi”, la discoteca El Congo, ubicada en Insurgentes Sur 810, colonia Del Valle, fue asegurada en mayo de 2009, debido a que el inmueble se encontraba relacionado con dos averiguaciones previas: una por despojo y otra por violación de sellos.
Y aunque un informante de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal aseguró que a ese establecimiento asistía “la crema y nata de Tepito, incluidos algunos delincuentes como Eduardo Trejo ‘El Lalito’, Hugo ‘Bocinas’ y Beto ‘Pelotas’, además de ‘El Tanque’ (Jorge Ortiz Reyes)”, el dueño afirmó que era falsa esa acusación, pues ahí acudía “gente de todos lados, desde Tepito hasta de Las Lomas”.
A la discoteca le fueron colocados los sellos de clausura, pues las autoridades dijeron que El Congo carecía de cajones de estacionamiento y no tenía revalidada su licencia de funcionamiento. A la fecha se sigue el proceso para fincar responsabilidades penales.
Titanium, Manhattan y los “zares de la noche”
Como reza el refrán: “Ahogado el niño, a tapar el pozo”. Después de la tragedia en el Lobohombo, las autoridades capitalinas ordenaron, en 2001, el cierre del Titanium y el Manhattan, un par de antros de la delegación Cuauhtémoc pertenecientes también al dueño del bar siniestrado, Alejandro Iglesias Rebollo.
A la entonces delegada Dolores Padierna, a quien se le atribuyeron grabaciones en las que aceptaba regalos a cambio de laxitud en la regulación de algunos negocios, no le quedó otra más que intentar sanear los giros negros —existían 2 mil 700 establecimientos que operaban de manera ilícita— y controlar a los llamados “zares de la noche” (entre los que se hallaban el propio Iglesias, Francisco Javier Soto Ordaz, Ernesto Valls, Manuel García y Alfonso Nájera), quienes manejaban a más de 50 mil trabajadores y obtenían ganancias diarias superiores a los 20 millones de pesos.
A Manuel García, por ejemplo, se le señalaba como propietario de 35 establecimientos, mientras que a Alfonso Nájera, se le atribuía ser dueño de prácticamente todos los establecimientos en la Plaza Garibaldi.
Asesinato del nieto de Malcolm X
Para vergüenza de México, el más reciente caso que mostró la podredumbre que impera en los centros nocturnos capitalinos, fue el de la muerte de Malcolm-Latif Shabazz, nieto del activista y religioso estadounidense Malcolm X.
El joven acudió, el 9 de mayo pasado, al bar Palace, ubicado en Eje Central número 32, en la Plaza Garibaldi, y, al negarse a pagar la cuenta “inflada”, fue salvajemente golpeado por personal del inmueble.
Luego de que los agresores lo sacaron del bar y lo arrojaron a la banqueta, el joven fue auxiliado y llevado a un hospital, pero murió a causa de las lesiones.
La investigación en contra de los asesinos continúa.
