Entre los tres y cinco años de edad
Gabriel Gutiérrez
“El desarrollo del asma comienza entre los tres y cinco años de edad, y se debe principalmente a una interacción entre el medio ambiente y factores genéticos. Es decir, las reacciones alérgicas al polvo, polen, ácaros, no son notorias en etapas tempranas del niño, sino que conforme pasa el tiempo se van agudizando”, comentó la doctora Vivian Moncayo, alergóloga pediatra del Hospital Ángeles de las Lomas.
“Los síntomas más comunes del asma son tos frecuente, sibilancias y alteraciones en la función pulmonar que disminuyen la calidad de vida y en ocasiones pueden incluso causar la muerte. Sin embargo, también se puede iniciar con síntomas de rinitis alérgica como la salida de moco transparente a través de los conductos nasales que suelen no tratarse tempranamente e incrementar el riesgo a futuro de presentar una crisis asmática”, aseveró la doctora Moncayo.
De acuerdo con la alergóloga, la prevalencia del asma en México es de entre 8 y 10 por ciento de la población.
“Esta enfermedad —agrega— se ha incrementado en países en vías de desarrollo como el nuestro, debido a factores como contaminación, diversidad del clima, exposición a humo de tabaco o a alérgenos, falta de concientización sobre la enfermedad —porque los síntomas se subestiman y el paciente no se atiende a tiempo— y a un subdiagnóstico por parte del médico”.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el asma es una enfermedad crónica que afecta a más de 235 millones de personas en el mundo y los síntomas pueden sobrevenir varias veces al día o a la semana, y en algunas personas se agravan durante la actividad física o por la noche.
“Del universo de niños con asma, el 80 por ciento remitirá en la adolescencia, el 40 por ciento va a seguir asintomático toda su vida, el otro 40 por ciento restante va a tener síntomas en la edad adulta, de los cuales el 20 por ciento tendrá de asma moderada a grave detonada por tabaquismo, cambios de clima, contaminación”, aseguró la especialista.
Agregó que “uno de los factores más importantes en este padecimiento es la genética porque hay cromosomas directamente relacionados con el asma. Cuando una persona tiene asma, sus descendientes tienen casi un 60 por ciento de probabilidad de padecerla y, cuando ambos padres la presentan, se eleva a un 80-90 por ciento”.
El asma sin tratamiento o cuando no es el adecuado puede llevar al paciente a caer en el estado de difícil control a largo plazo, porque se incrementan los síntomas, el componente inflamatorio, y será más complicado que los pulmones respondan a las terapias habituales, ya que requerirá de un tratamiento más agresivo.
“Es más complicado la terapia porque el asma tiene una característica de «remodelación», esto significa que al estar inflamado el epitelio, las células cambian, se remodelan, por lo que se utilizan alternativas terapéuticas más agresivas, y esto puede traer como consecuencia una bronquitis crónica irreversible”, enfatizó la especialista.
Recuerde que, ante los primeros síntomas, acuda con su médico para un diagnóstico, tratamiento y control adecuado.
“Por ello los invito —concluyó— a que una vez detectada el asma, se tenga un estricto apego al tratamiento para evitar caer en estados de riesgo. Hay que recordar que el asma no se cura, pero es por completo controlable. Y por definición, no necesitar terapias de rescate y estar libre de síntomas con tratamiento antiinflamatorio, el cual por lo menos debe mantenerse durante ocho semanas, de lo contrario, no estamos hablando de un control absoluto”.
