Símbolo del abstencionismo activo
Alfredo Ríos Camarena
Hace unos días, mi amigo, el acreditado politólogo Francisco Berlín Valenzuela, me habló por teléfono desde Jalapa para comentarme un fenómeno sui géneris que se ha dado en esa ciudad, capital de Veracruz; se trata de un personaje nacido del imaginario popular y reproducido a través de las redes sociales, el gato Morris, quien como una broma política ha sido lanzado como candidato independiente a la alcaldía de esa capital; lo sorprendente es que al escribir estas líneas, ya se han sumado como simpatizantes más de 80 mil ciudadanos que representan un universo muy superior al alcanzado por los postulados por los partidos políticos.
El fenómeno me pareció fascinante, pues es mucho más que un simple juego, se trata de un claro síntoma del hastío e indiferencia que producen los candidatos por la falta de capacidad de los partidos de analizar y presentar ciudadanos populares.
La abstención electoral puede ser de dos tipos: pasiva o activa; la primera, se manifiesta por el ausentismo electoral que ha crecido exponencialmente en todo el mundo democrático; la segunda, tiene que ver con una acción de la ciudadanía que manifiesta su hartazgo votando en las elecciones con un voto blanco y, en este caso, a favor de un personaje inexistente pero poderoso, pues representa esa actitud ciudadana que marca una protesta de indudable trascendencia.
En estos días en que se discuten las reformas políticas que incluso pueden provocar un periodo extraordinario de sesiones, no está contemplada, hasta donde yo entiendo, la abstención que puede dar lugar en un sistema democrático justo a las sanciones a los partidos políticos, que pueden ir desde suspensión de prerrogativas hasta cancelación del registro. La fórmula sería que el código electoral se modificara para que existiera una forma de medición de esta abstención activa incluyendo un recuadro en blanco en la boleta electoral. Por ejemplo, aquellos partidos que fueron superados por este voto, deberían ser castigados en diferentes formas y grados. No son suficientes las candidaturas independientes que todavía tienen un largo camino qué recorrer, pues aún no sabemos cómo se podrán aplicar las prerrogativas a esta nueva expresión ya aprobada.
Este simpático personaje que apareció en Jalapa, empieza a reproducirse, pues en la ciudad de Puebla ya surgió otro felino aspirante virtual; estos animalitos son bastante más que sus congéneres el gato Félix o el gato Silvestre; son verdaderos tigres que están descubriendo una realidad sociológica frente a la incapacidad y la soberbia de las cúpulas que controlan los partidos registrados.
Por eso, tiene trascendencia esta nueva forma de expresión a través de esa herramienta formidable en que se han convertido las redes sociales.
El candigato Morris debe subir a las mesas de reforma política para que el Estado nacional y la ciudadanía puedan contar con un elemento que permita contabilizar, en forma específica, este abstencionismo que puede dar lugar a serios cambios en el ámbito político.
La democracia electoral, aun cuando representa el mecanismo menos malo hasta ahora conocido, tiene que ajustarse a una realidad donde efectivamente se garantice el proceso democrático, pues no son suficientes los sistemas avanzados con que hoy contamos; no sólo se trata de contar los votos, sino de recoger la voluntad del pueblo. Aún más, en nuestra definición constitucional, la democracia es más que un sistema electoral, tiene que ver con la mejoría social y cultural de un pueblo que, a pesar de los esfuerzos, continúa sumido en la miseria colectiva y en la ignorancia.
Los objetivos constitucionales, sus paradigmas y su teleología, son aspiraciones incumplidas y a pesar de la bondad expresada en numerosas leyes, el abismo brutal de la desigualdad y de la falta de equidad siguen siendo temas de aspiración colectiva y patriótica.
Seguramente vendrán muchos imitadores de este gato Morris que pondrán en un predicamento a quienes definen y discuten los temas de la política mexicana; bienvenidas las redes sociales y la expresión que representan para definir nuevos rumbos hacia una mejor sociedad.
No hay duda, el gato Morris, símbolo del abstencionismo activo, debe ser considerado en una auténtica reforma política.
