Mataría a la gallina de los huevos de oro

Marco Antonio Aguilar Cortés

La gran industria farmacéutica del mundo tiene como propósito, en su insana estructura, que no se le mueran los enfermos, pero también que nunca se alivien del todo; y los prósperos negocios en cada materia están organizados de similar manera.

El día en que los enfermos mueran, o sanen definitivamente, las empresas de medicina quebrarán, ya que viven a expensas de los constantes y permanentes desmejorados en materia de salud.

Otro ejemplo de torcidas formas de organización humana: ¿quién crea los virus para infectar las computadoras? Atinó usted, estimado lector, si responde que es el mismo que vende los antivirus. ¡Excelente negocio es ése!: primero, infectar las computadoras; después, vender el remedio y creando nuevos venenos cibernéticos, para sostener boyante la industria de antivirus.

Basta que una actividad humana sea altamente redituable para que de inmediato se apoderen de ella los poderosos o los ricos, suponiendo que estos dos especímenes no correspondan al mismo sujeto, pues en muchas ocasiones una persona es poderosa y rica.

Esas formas de organización corresponden, también, al crimen organizado en su amplia variedad de ilícitos. Su estructura tiene el mecanismo de toda empresa capitalista tanto internacional como nacional.

Tan redituable es el crimen organizado, que los ricos y poderosos se han apropiado de él, sosteniéndolo, en el fondo, a como dé lugar. Lo atacan, sí, pero sin extinguirlo; si lo destruyen acabarían con su gallina de los huevos de oro.

Y ese sistema, en procedimiento y contenido, tiene su profunda raíz clavada en Estados Unidos. No pocos de nuestros males nos vienen del extranjero, y toman, rápido y furiosamente, carta de ciudadanía mexicana.

Es fácil imitar el mal ajeno; cuesta mucho trabajo hacer propias las virtudes extranjeras.

Las actuales comunidades armadas se pueden clasificar en dos: unas, las que son auténticas, formadas con miembros conocidos de la población, y que según sus propias palabras están “hasta la madre” de ser explotados, humillados, robados, agredidos, violados, por grupos de criminales privados u oficiales; y, otras, las creadas por los propios delincuentes para generar confusión y prolongar su dominio.

El problema es que ambos grupos armados se encuentran al margen de la ley; empero, un problema más grande es que las fuerzas del gobierno no quieren o no pueden acabar con las pandillas de delincuentes, ni pueden ni quieren garantizar paz, trabajo y libertad a las comunidades, ahora armadas.

Eso agudiza nuestras contradicciones, y nos conduce al estallido social, tan deseado por lo más negativo de sectores estadunidenses.

Ante eso, la sociedad mexicana activa y unificada debe poner un hasta aquí. Ojalá que el gobierno mexicano sepa hacer suyo este Sentimiento de la Nación.