La realidad superó los otros horrores
Carlos E. Urdiales Villaseñor
Al cumplir seis meses en el gobierno, Miguel Ángel Mancera enfrenta una crisis caída del Heaven, y no es pochismo, pero de este antro de la zona rosa, como de un cielo muy nublado, se dice que desaparecieron, por obra de un comando que se los llevó, 12 jóvenes oriundos del barrio bravo de Tepito.
Cuando se da por bueno un argumento como el que en el caso del Heaven se ha esgrimido, las pruebas de esos dichos se vuelven indispensables y esas testimoniales no han aparecido. Ya lo dijo el propio jefe de Gobierno, no hay hasta el momento evidencias técnicas ni científicas que avalen la versión del secuestro colectivo.
El paradero de estos jóvenes tendrá que ser determinado por las instancias policiales y ministeriales, no por las políticas.
Vale la pena recordar el caso de Isis Liliana y Darien Isaí Covarrubias, quienes por 22 días estuvieron desaparecidos, y sus padres, Javier Covarrubias e Irma Merino, denunciaron que habían sido secuestrados. El 18 de mayo de 2010 los vecinos de Tepito, su vecindario, salieron a protestar, colgaron mantas sobre avenida Reforma y llamaron a las autoridades de la Procuraduría de Justicia de la capital —Mancera era su titular— “incompetentes e indolentes”.
Se esparció la teoría del robo de menores para ser vendidos en Estados Unidos en donde les extraerían órganos vitales. Un horror. El entonces procurador Mancera recibió el reporte de robo de niños, y poco después señaló a través de la Fiscalía de Investigación para la Atención de Niños, Niñas y Adolescentes que “no había ningún evento relacionado con la sustracción de los menores ni con tráfico de órganos”. Cuando esto ocurrió, el papá se peló a Tlaxcala. El 6 de junio fue aprehendido. Confesó primero que se los había entregado a La Lupe por una deuda de 25 mil pesos. Otro horror. Y finalmente soltó la sopa, él los mató. La realidad superó los otros horrores.
De las protestas, reclamos y señalamientos anteriores a la autoridad, nada. Lógico si nos atenemos a que ésa es su chamba, para eso se les paga y se les paga bien. La facilidad y obviedad con que la masa se adviene con el débil es lógica y sabida. No deja de sorprender. ¡Agarren al ladrón!, el grito que en Fuenteovejuna termina en linchamiento. Y a veces no es al presunto ladrón, sino al policía. No hay paralelismo entre el caso de los jóvenes del Heaven y el caso de los niños Covarrubias, pero vale atender a la historia.
La solución del caso, en cualquier sentido, llegará. Mientras, Miguel Ángel Mancera cumple medio año de gobierno y dice que no se va a equivocar de rumbo, en el sentido de cambiar, de ser otro de lo que siempre ha sido, cercano a la gente, en contacto permanente, informado y dando cuenta de todo lo que se requiere dar cuenta. Dice que donde haya una política pública acertada, comentarla y darle mayor fuerza, y donde no se esté avanzando con consistencia, sustituirla por otra mejor.
@CarlosUrdiales
