GENÓMICA Y BIOECONOMÍA

 

Una ventana de oportunidad para México

 Gerardo Jiménez Sánchez

 La economía basada en el conocimiento reconoce el papel central que ha adquirido la generación, apropiación y aplicación del conocimiento en el desarrollo económico. La revolución del conocimiento ha generado oportunidades masivas para que los países incrementen dramáticamente su competitividad y logren un crecimiento acelerado. Esto fundamentalmente por la aplicación rápida de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, y la aplicación de descubrimientos científicos en todos los sectores de la economía. En este contexto, no resultó extraño ver al presidente Obama dirigirse al Congreso de la Unión y al público estadounidenses en su mensaje sobre el Estado de la Unión el pasado 12 de febrero, informando que la inversión hecha por ese país en el Proyecto del Genoma Humano ha generado 140 dólares por cada dólar invertido. Además, describió la lista de prioridades para su segundo mandato, encabezada por el impulso a la investigación biomédica, la creación de 15 nodos para desarrollar las tecnologías manufactureras innovadoras y “expandir las inversiones en ciencia e innovación a niveles no vistos desde el momento cúspide de la carrera espacial”.

La semana pasada la United Medical Research, una organización de instituciones de investigación, industria y grupos de pacientes que trabajan en favor de una mayor inversión del gobierno federal de los Estados Unidos a la investigación biomédica, en la cual Harvard es miembro activo y fundador, conjuntamente con su socio el Instituto Battelle publicaron una actualización al reporte sobre el impacto del Proyecto del Genoma Humano en la economía de aquel país (http://goo.gl/PNoii). Entre los hallazgos destaca que el apoyo del Gobierno Federal para ese proyecto científico ha generado cerca de un billón, si un millón de millones de dólares, a su economía desde su inicio en 1988. Además, la investigación científica relacionada con el proyecto genómico más grande de todos los tiempos ha generado mas de 53 mil empleos directos relacionados a la genómica, 293 mil millones de dólares en salarios y 54 mil 800 millones de dólares en ingresos por impuestos generados en el sector genómico y sus proveedores. Estos datos abrumadores, demuestran como las asociaciones público privadas pueden resultar enormemente productivas. En paralelo, la Organización Mundial del Genoma Humano surgida para coordinar el desarrollo del Proyecto del Genoma Humano creó en años recientes su Comité de Genómica y Bioeconomía a fin de definir los nuevos rumbos de las aplicaciones genómicas en la economía global. Si bien México no participó en el Proyecto del Genoma Humano, un mexicano preside ahora ese Comité lo que vincula directamente a nuestro país con la escena de la genómica como uno de los nuevos motores de la economía global (http://goo.gl/jZImj).

Los países miembros de la OCDE dependen más que nunca de la producción, distribución y uso del conocimiento. La generación de riqueza y las fuentes de empleo se están expandiendo rápidamente a las industrias basadas en alta tecnología, entre ellas aquellas en torno a las ciencias de la vida, en donde la genómica ha alcanzado un lugar central. Se calcula que la industria basada en el conocimiento contribuye a generar mas de la mitad del PIB en las principales economías de la OCDE.

La economía del conocimiento si bien ofrece grandes oportunidades, también impone grandes retos. Las cadenas de suministros y los mercados del conocimiento dominan la economía global. Por ello, los países que no logren posicionarse exitosamente en el mercado global del conocimiento serán cada vez menos competitivos. México ha pasado por importantes procesos de transformación económica lo que le permite ahora aspirar a mas amplios horizontes. La nueva transformación económica de México, además de considerar los principios del libre comercio que tan buenos resultados le han dado, habrá de enfocarse en mejorar dramáticamente la capacidad nacional de generar conocimiento y transformarlo en riqueza. Estas capacidades están íntimamente relacionadas con redes flexibles y eficientes de asociaciones público privadas interactuando en forma concertada para generar y adoptar conocimiento. La capacidad nacional de aprendizaje es lo que permite a las naciones adoptar e innovar en sus áreas de ventajas comparativas. Además, ayuda a crear nuevas áreas de ventaja. Por ello, México requiere una agenda económica basada en el conocimiento que de continuidad al modelo existente, al tiempo que cuente con una nueva generación de reformas que aprovechen y construyan sobre la revolución del conocimiento. Hace unos años, el Banco Mundial hizo recomendaciones de corto, mediano y largo plazo sobre como México puede transformarse en una economía basada en el conocimiento, aprovechando una serie de ventajas socioeconómicas con que cuenta (http://goo.gl/rsXo2). A ellas hoy se suman la sólida infraestructura institucional, humana y física en ciencias genómicas que le permitiría la incursión inicial en esta nueva ventana de oportunidad, así como la nueva Ley de Asociaciones Público Privadas (http://goo.gl/r1TBq) cuyo reglamento fue publicado en noviembre pasado (http://goo.gl/fPj2q). Si estos elementos, se integran inteligentemente con la determinación del Gobierno Federal de incrementar la inversión en ciencia y tecnología, y de hacer de la innovación un instrumento real de crecimiento económico, México tendrá la oportunidad de integrar a la genómica como ventaja comparativa para posicionarse exitosamente en el contexto global de la economía del conocimiento.

 

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gerardo.jimenez@genomicaybioeconomia.org

 

 

El autor, profesor de genómica y bioeconomía de la

Escuela de Salud Pública de Harvard, es presidente de

Biotecnología-OCDE y

presidente de Genómica y Bioeconomía.