¿Cómo vamos, ciudad de México?

Marco Antonio Aguilar Cortés

Según la fuente, los datos de la llamada Zona Metropolitana del Valle de México son imprecisos, y ligeramente diferentes.

En cerca del punto dos y medio por ciento del territorio nacional habitan hacinados 28 millones de mexicanos. Esto no es deseable, sino peligroso.

Cierto que en la mitad del siglo XX nos enorgullecíamos de la macrocefalia de la capital del país, comparada con las grandes urbes del mundo, pero esa jactancia fue un infantilismo insensato.

Nadie puede olvidar que el inicio de esta conurbación garrafal fue la ciudad de México, construida por los españoles vencedores sobre la Gran Tenochtitlán, epicentro geográfico de los vencidos. Ahí comenzó uno de nuestros mestizajes urbanísticos.

Hoy esa ciudad de México convertida en el Distrito Federal, capital de todos los mexicanos, tiene como producto interno bruto para cada uno de sus habitantes aproximadamente 36 mil dólares estadunidenses anuales, al nivel de Francia, mientras Michoacán sólo cuenta como producto interno bruto para cada michoacano con aproximadamente 9 mil dólares anuales, a similitud de Túnez, según indicadores del Banco Mundial para el año 2010.

En el Distrito Federal, epicentro de esa zona conurbada, está la mayoría de nuestras escuelas, colegios, universidades e institutos de enseñanza superior, los mejores centros de cultura, parques y jardines, trabajos remunerados, espectáculos, nuestro principal mercado para el consumo de droga, la concentración del poder, tanto el oficial como el ilícito. Todo es grande en el Distrito Federal, lo bueno y lo malo; y esa grandeza todo lo devora.

Y frente a los hechos anteriores, y a la agravada violencia suscitada en las últimas semanas en el Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador recientemente señaló desde Cadereyta, Nuevo León, que “no se deteriora la seguridad del Distrito Federal. Es sólo propaganda contra el gobierno de Miguel Ángel Mancera… quien es objeto de una campaña mediática impulsada por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para que se crea que en la capital ya están igual las cosas que en resto del país”.

Los problemas no se solucionan negándolos, y sólo estudiándolos bien estaremos en condiciones de resolverlos.

México tiene un ramillete de conflictos agravados. Ahí se encuentra un desarrollo desigual e injusto, por una pésima distribución de la riqueza entre seres humanos y regiones, y en donde los poderosos hacen suya la riqueza producida por quienes trabajan, abusando de las leyes que los propios poderosos históricamente han aprobado.

Esas desigualdades se agravan, aún más, cuando a cada capital de nuestros 31 estados se le impone el pésimo modelo del Distrito Federal. “¿Cómo vamos Ciudad de México?”, es el proyecto promovido por Juan Francisco Ealy Ortiz, presidente ejecutivo del periódico El Universal, con el que se buscan herramientas eficaces para medir la calidad de vida en esa conurbación central de nuestra república. Ese proyecto tiene la simpatía de Miguel Ángel Mancera, jefe del gobierno capitalino, y la del gobernador de estado de México Eruviel Ávila.

Empero, ese proyecto debe enfocarse de mejor manera: ¿Cómo vamos, México, con tu Distrito Federal a acuestas?