Susana Hernández Espíndola

Las  revelaciones que el ex agente de la CIA, Edward Snowden, hizo, a principios de junio, a los diarios The Guardian y The Washington Post, pusieron en jaque al gobierno de Barack Obama. Sus acusaciones de que la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de los Estados Unidos registra todas las llamadas telefónicas de la compañía global de telecomunicaciones Verizon y de que mantiene otro programa secreto de espionaje creado por George W. Bush, llamado “Prisma”, mediante el cual accede a toda la información que circula en Internet, de los habitantes y las empresas del mundo, han causado un shock planetario.

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La denuncia del joven de 29 años y el ex consultor de la NSA, ha abierto un debate sobre la controversial posición que asumen estos filtradores en nombre de la honestidad humana. Para algunos, son la encarnación de un héroe que decide arriesgar su libertad y su propia vida por sacar a la luz la verdad. Para otros, son traidores que rompen el pacto de confidencialidad para quien laboran. Y para unos más, son idealistas inspirados en la “protección del bien público”.

Abierta la cloaca del espionaje mundial cibernético, Washington sigue una investigación de carácter criminal contra Snowden, por poner en “riesgo la seguridad nacional”, y él vive una situación incierta, ya que huyó de Hong Kong hacia Rusia, donde permanece escondido en espera de que Islandia, Ecuador o cualquier otra nación le concedan asilo. Sin embargo, su caso no es el único de ciudadanos que han dejado atrás todo, en una lucha temeraria contra la mentira y el engaño. Estos son algunos de los más conocidos.

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Jaque al hacker

Tras una huída sorprendente de su arresto domiciliario en el Reino Unido, el 19 de junio de 2012, Julian Assange, fundador (en 2006, en Islandia) del famoso portal Wikileaks, llegó a la embajada ecuatoriana en Londres, solicitando asilo político, para evitar su extradición a Suecia —donde se le buscaba por presuntos delitos sexuales— y posterior entrega a los Estados Unidos, que le podría decretar pena de muerte por la revelación de documentos confidenciales sobre Irak y Afganistán.

Washington mantiene desde entonces una fuerte presión mediática, diplomática y legal para atrapar al ex periodista y hacker australiano, de 42 años, ya que las filtraciones que hizo en Wikileaks, en 2010, pusieron al descubierto los delitos de lesa humanidad que cometió el gobierno estadounidense en el marco de sus guerras contra Irak y Afganistán. A pesar de su situación, Assange, que se halla en “jaque” aún dentro de la Embajada de Ecuador en Londres, ha anunciado que durante el 2013 publicará un millón de nuevos documentos confidenciales relacionados con “todos los países del mundo”.

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“Asesinato colateral”

Arrestado en mayo de 2010 en Bagdad, al ex analista de inteligencia de la Unión Americana, Bradley Manning, de 25 años, se le acusa de haber proporcionado a WikiLeaks un video del ejército de su país, conocido como Collateral Murder (Asesinato colateral), en el que se observa cómo los tripulantes de un helicóptero de combate estadounidense asesinan a varios civiles en Irak, entre ellos a dos periodistas de la agencia Reuters.

Tras su encarcelamiento en Kuwait y su trasladado a una prisión de EU, el pasado 3 de junio inició el juicio marcial contra Manning, a quien se le atribuye, además, haber filtrado alrededor de 700 mil documentos clasificados, conocidos como Diarios de la Guerra de Afganistán, y de Irak, así como cables del Departamento de Estado, delitos por los que podría ser condenado a cadena perpetua. No obstante, él sólo se ha declarado culpable de diez de los 22 cargos que se le imputan.FOTO 4

“Garganta Profunda”

Considerado “la fuente anónima más famosa en la historia de Estados Unidos”, el finado William Mark Felt, mejor conocido como Garganta Profunda y número dos del FBI bajo la administración de Richard Nixon, filtró a The Washington Post la información que destapó el caso Watergate y que provocó, en 1974, la renuncia de ese presidente.

La investigación, que sacaron a la luz pública los periodistas del Post, Carl Bernstein y Bob Woodward (encarnados de manera magistral en el cine, por Dustin Hoffman y Robert Redfod, respectivamente, en All the President’s Men), y cuya invaluable fuente fue Garganta Profunda, reveló que los cinco hombres que fueron detenidos el 17 de junio de 1972 en la sede del Partido Demócrata en el complejo de oficinas Watergate, en Washington D.C, no sólo colocaron aparatos para espiar telefónicamente a los demócratas, sino que estaban apoyados por el propio Nixon.

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Los Papeles del Pentágono

En junio de 1971, el ex analista de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, Daniel Ellsberg  —quien laboraba en el célebre think thank, o “laboratorio de ideas” norteamericano, la Corporación RAND— filtró a The New York Times y a 17 periódicos más, los llamados Pentagon Papers (Papeles del Pentágono), un estudio, de 7 mil documentos, clasificado como de alto secreto, sobre la toma de decisiones de Washington con relación a la Guerra de Vietnam.

El expediente —elaborado por Ellsberg; Anthony Russo, su ex colega en RAND, y personal del senador Edward Kennedy— reveló que el gobierno de EU sabía, desde un principio, que muy probablemente perdería la guerra con Vietnam, y que la prolongación del conflicto sólo arrojaría montones de muertos, muchos más de los que nunca se admitieron públicamente. (Foto: Jacob Appelbaum. Cropped by MachoCarioca)

 

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Falsas pruebas sobre el WTC

El químico y ex agente especial de supervisión del laboratorio de explosivos del FBI, entre 1986 y 1998, Frederic Whitehurst, hizo pública su denuncia sobre los errores de procedimiento y la corrupción que imperaba en ese centro. El especialista puso a temblar al sistema de justicia estadounidense, al alertar sobre la fabricación de pruebas y testimonios engañosos que varios agentes del FBI presentaban en la Corte para inculpar a presuntos criminales.

 

Después del primer atentado contra la Torre Norte del World Trade Center de Nueva York, el 26 de febrero de 1993, Whitehurst fue presionado para presentar informes científicos engañosos y no decir que una bomba de nitrato de urea originó la explosión. Con su denuncia, en 1998, el químico fue suspendido del FBI, pero lo reintegraron e indemnizaron con 1.1 millones de dólares. Actualmente labora como conferencista y consultor forense. A partir de este caso, la Casa Blanca redactó una ley para proteger a los agentes federales que denuncien prácticas erróneas. (Fotos: Shutterstock)