Exigen acciones y exhiben omisiones

Obdulio Ávila Mayo

Las visitas del presidente de México a los países en los que se toman decisiones que influyen económica, política y socialmente a nivel mundial parecen poner a nuestro país en un lugar privilegiado para no quedarse fuera, para dar postura e influir en estos círculos cerrados.

En un periodo corto recibimos en México a los líderes de Estados Unidos y China. A pesar de que la actual administración federal parece desaprovechar la posición privilegiada y la solidez económica heredadas por los gobiernos panistas, aún tenemos la confianza y el interés del mundo puestos en México para invertir, para acordar.

Además de los temas económicos y las definiciones políticas, la construcción de una agenda conjunta en la que las reformas migratorias son eje central, la seguridad y la educación son aspectos que obligan a pensar en la importancia de estas relaciones internacionales.

Pero cuando hablamos de estos grandes avances tenemos que reflexionar lo poco que a grandes escalas se piensa en el objetivo central, el individuo y su bienestar. Existe la afirmación de que toda la política es local, por ello lo que un mandatario afirma públicamente, aunque sea en foros o espacios internacionales, influye en el interior; además las redes sociales se han convertido en altavoces y reflectores que impiden a las palabras y a los actos permanecer en el anonimato o limitarse a permanecer en la mente de unos cuantos.

El anuncio de la reforma energética resonó en las oficinas de las distintas fuerzas políticas del país, en las Cámaras donde se realiza el trabajo legislativo e incluso tuvo eco en la opinión pública. Los grandes acuerdos, las reformas trascendentales deben ser respaldadas por el consenso y la aprobación de quienes se verán afectados de manera directa y de los actores con influencia en la toma de decisiones, quienes definen las políticas públicas.

México ha trabajado con fuerza y empeño para lograr ocupar un papel relevante en la política y la economía del mundo globalizado, lo pudo hacer, sobre todo, en el último sexenio aún con los retos que enfrentaba en materia de seguridad. Es momento de seguir y aprovechar este impulso sin olvidar que la política es un arte que requiere visión y perspectiva, que nuestro sistema político requiere forzosamente involucrar a las partes, considerar los disensos y sumar el apoyo de la sociedad que ha tomado un papel cada vez más activo.

Este empoderamiento ciudadano, en ocasiones se refleja más en el exterior que a simple vista, que en lo local. Estos ciudadanos que parecían invisibles ante los ojos de sus gobernantes y representantes han encontrado que los foros y las instancias internacionales no sólo existen para los políticos sino que permite llevar sus demandas a otro plano y ejercer presión desde afuera, cruzando los límites fronterizos.

Los ciudadanos exigen acciones y exhiben las omisiones de quienes se niegan a verlos o escucharlos y esto obliga a reconocer esta parte esencial de la democracia, del gobierno del pueblo y para el pueblo.