Determina la Corte Suprema de Estados Unidos

René Anaya

Después de cuatro años de una dura batalla legal contra la empresa Myriad Genetics, los médicos, pacientes e investigadores obtuvieron una importante victoria que reafirma el derecho universal a disfrutar de los beneficios de los descubrimientos científicos o, por lo menos, que se tenga la posibilidad de disfrutarlos.

La Asociación Patológica Molecular, una coalición de agrupaciones como la Fundación Patentes Públicas y la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), que representan a más de 150 mil investigadores, médicos y pacientes, logró que las autoridades judiciales estadounidenses dictaminaran que los genes no son patentables.

 

Ética contra ganancias económicas

Todo empezó en la última década del siglo pasado, cuando se otorgaron las primeras patentes para genes humanos. Se calcula que actualmente se han concedido cuatro mil patentes a empresas privadas, universidades y particulares, lo cual significa que la quinta parte de los 24 mil genes humanos tienen o tenían propietario, si estaban registrados en los Estados Unidos.

Entre esos genes patentados se encontraba la secuencia del BCRA 1, registrado en 1994, y una serie de secuencias mutantes del BRCA 2, protegido desde 1997, a favor de la empresa Myriad Genetics. Esos genes y sus mutaciones aumentan las probabilidades de que la portadora contraiga cáncer de senos y de ovarios.

Por supuesto que el descubrimiento de esos genes representa un avance en la lucha contra el cáncer, pero también su patente significó una gran barrera para gozar de esos beneficios, pues la prueba de detección de los genes estaba en poder de esa empresa, que la comercializaba en cerca de 3 mil 400 dólares. Por lo tanto, solo personas con buenos recursos económicos, como Angelina Jolie, podían practicarse esa prueba.

En cambio, mujeres con escasos recursos, como Lisbeth Ceriani, a quien se le diagnosticó cáncer de senos hace cinco años, estaban imposibilitadas de realizarse esa prueba por su elevado precio. Como el examen era crucial para determinar la conducta terapéutica: la extirpación de senos y ovarios o solamente de los primeros.

En esas condiciones, Lisbeth Ceriani decidió defender sus derechos como paciente, por lo que demandó a la empresa, sin suponer que esa acción desataría una batalla legal de grandes proporciones, que involucró tanto a las principales organizaciones civiles y a profesionales comprometidos con la sociedad, como a industrias biotecnológicas y al sistema de patentes estadounidense, vale decir a uno de los pilares del capitalismo. La batalla fue entre la ética y la voracidad empresarial.

Los genes, patrimonio de la humanidad

Esa batalla se llevó a cabo en varios niveles judiciales, hasta que llegó a la Corte Suprema de los Estados Unidos en abril de este año. Finalmente, el 13 de junio dictó sentencia a favor de Lisbeth Ceriani y millones de personas que tendrán más posibilidades de beneficiarse de los avances biotecnológicos, ya que los genes son patrimonio de la humanidad, como lo considera la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Los nueves jueces que dictaron sentencia refirieron: “Las leyes de la naturaleza, los fenómenos naturales y las ideas abstractas son herramientas fundamentales del trabajo científico y tecnológico que no entran en el campo de la protección de las patentes”. Precisaron: “Un segmento de ADN de origen natural es un producto de la naturaleza y no es patentable por el simple hecho de ser aislado”.

Esta decisión de la Corte Suprema ha producido reacciones encontradas. Los industriales de la biotecnología advierten que se pondrán en riesgo las grandes inversiones en investigación y terapias genéticas. Myriad Genetics, por ejemplo, invirtió 500 millones de dólares en la investigación del cáncer de senos y ovarios. “Sin la capacidad de recuperar este dinero, no se producirán grandes descubrimientos científicos para combatir este tipo de enfermedades y muchas otras. Los avances científicos, además, se han hecho bajo el compromiso de una firme protección de patentes”, refirió en un boletín de prensa Peter Meldrum, presidente de la compañía.

Lo que ocultó Meldrum es que únicamente en el primer trimestre de este año aumentaron las ganancias de la compañía en 21 por ciento, es decir 133.4 millones de dólares, por lo que se puede pensar que ya habían recuperado su inversión; además, el precio de la prueba lo elevaron hasta 20 veces su costo real.

A esos argumentos económicos, Sandra Park, de la ACLU, ha puntualizado: “No creemos que el fallo perjudique a la industria. Al contrario, creemos que la va a beneficiar porque permitirá a otros laboratorios investigar sobre genes que producen enfermedades y podrán desarrollar pruebas de diagnósticos y tratamientos”.

Por lo pronto, médicos, investigadores y pacientes resultarán beneficiados por esta decisión de la Corte Suprema, que vuelve a colocar al ser humano por encima de los intereses económicos.

reneanaya2000@gmail.com