Miles de brasileños salieron el miércoles a las calles a protestar contra la corrupción y exigir mejoras en los malos servicios públicos, atizando una ola de descontento que ha estremecido a la mayor economía de América Latina.
En la capital, Brasilia, la Policía tomó posiciones en la explanada central donde están situados los ministerios y el Palacio de Planalto, la sede de la presidencia.
En Belo Horizonte, donde se ubica la tercera ciudad del país, miles de manifestantes demandaron mejoras en la educación y la salud justo cuando las selecciones de Brasil y Uruguay disputan un partido por las semifinales de la Copa Confederaciones de futbol.
Casi dos semanas después del inicio las mayores protestas en 20 años, los líderes políticos brasileños parecen estar por fin reaccionando y comenzaron a responder a la demanda populares de cambios.
Durante la noche del martes, el Congreso rechazó una enmienda constitucional que habría limitado la autoridad de los fiscales federales para investigar delitos, una medida que los manifestantes vieron como un intento de los políticos por evitar las investigaciones de corrupción.
“Nuestros representantes están escuchando a la gente ahora. Estamos creando una nueva conciencia política”, dijo Amanda Caetano, portavoz de un grupo “Suficiente es Suficiente”, que espera movilizar a 10 mil personas en Brasilia para exigir el fin a los privilegios que disfrutan los políticos.
En otra respuesta a las protestas, la Cámara baja del Congreso votó durante la noche a favor de un proyecto de ley que destina regalías de la producción futura de petróleo a programas de educación y salud.
Aprobó una comisión del Senado una medida que removería los impuestos al transporte público, facilitando a las ciudades y estados una rebaja en las tarifas de autobús y Metro.
También se espera que el Senado vote el miércoles respecto a un proyecto de ley que introduce sentencias más duras contra la corrupción.
Una protesta relativamente pequeña contra un aumento en los pasajes del transporte y la subsiguiente represión policial a inicios de este mes desataron finalmente los disturbios que han remecido al país más grande de América Latina.
Varias ciudades brasileñas dieron pie atrás en las alzas de tarifas, pero el movimiento amplió su foco a una letanía de reclamos, desde los miles de millones de dólares gastados en estadios de futbol para el Mundial de 2014, hasta una ley sobre una “cura gay” que se tramita en el Congreso y que permitiría a los sicólogos a tratar la homosexualidad como una enfermedad.
Uno de los temas comunes que se mantiene en las marchas es la profunda desconfianza hacia una clase política percibida como corrupta, con sueldos excesivos, y que parece más preocupada de ayudarse a sí misma que a la sociedad en general.
