HORIZONTE POLÍTICO
La privacidad en riesgo
Alonso Ruiz Belmont
Las revelaciones sobre programas secretos de espionaje telefónico y cibernético del gobierno estadounidense, filtradas a la prensa internacional a principios de junio por el experto en computación Edward Snowden, han sacudido a la opinión pública mundial. El escándalo ha suscitado un intenso debate sobre la privacidad y las libertades civiles. Snowden, exempleado de la CIA y de la poderosa Agencia Nacional de Seguridad (NSA), dio a conocer a The Washington Post y The Guardian la existencia del sistema PRISM, una red que brinda a la inteligencia norteamericana acceso ilimitado a las comunicaciones electrónicas de todos los clientes registrados en los bancos de datos de las empresas más importantes de Internet alrededor del planeta: Skype, Microsoft, Google y Yahoo. También reveló la existencia de varios programas de la NSA diseñados para rastrear registros telefónicos de millones de clientes de Verizon, que opera en Estados Unidos.
Snowden, quien se refugió temporalmente en Hong Kong y trabajó en las redes de espionaje electrónicas de su propio país, justificó su proceder manifestando su preocupación ante el desarrollo de esta gigantesca maquinaria de vigilancia que pone en riesgo la libertad de los ciudadanos ante los abusos de poder ejercidos por un Estado policiaco. El presidente Barack Obama trató infructuosamente de justificar el espionaje masivo, argumentando que la información había contribuido a evitar nuevos ataques terroristas y que el único propósito de las agencias de inteligencia es garantizar la seguridad de los ciudadanos. Si bien un importante sector de la opinión pública norteamericana expresó que está dispuesto a aceptar medidas de este tipo si contribuyen a garantizar su seguridad, el escándalo ha causado una enorme indignación pública y generado demandas legales de organizaciones civiles y políticas, quienes acusan al presidente de violar la Constitución. Aliados estratégicos de Estados Unidos como la Unión Europea han manifestado también su irritación.
Resulta paradójico que un experto en derecho constitucional, quien llegó a la presidencia expresando su indignación ante el pisoteo de los derechos ciudadanos bajo la administración de George W. Bush, haya terminado copiando la retórica antiterrorista de su antecesor y cobijando a muchos de los grupos de poder a los cuales desafió para llegar a la Casa Blanca hace cinco años.
La administración de Obama se encuentra preparando una acusación criminal para procesar a Snowden, quien manifestó su intención de pedir asilo político en Islandia. Este último se dijo dispuesto a afrontar las represalias de que será objeto, señalando que es el gobierno estadounidense, y no él, quien ha violado la constitución. Obama le ha demostrado al mundo que hace falta algo más que carisma, promesas vacías y un eficiente aparato de marketing político para ser un presidente respetable y progresista.
