CHARLAS DE CAFÉ

 

Entrevista a Karla Zárate/Escritora

 

 

Eve Gil

¿Amor? ¿Incesto? Ni uno ni otro. Lissa. Kin. Protagonistas de Rímel (Suma de letras, México, 2013), primera novela de la narradora mexicana Karla Zárate que va mucho más allá de cualquier tópico literario. Se trata de una novela dolorosamente contemporánea donde las relaciones humanas, excepto la de estos dos hermanos, parecen utilitarias e insustanciales. Los propios Lissa y Kin parecen discapacitados emocionales. No se interesan por nadie… excepto el uno por el otro, con lo cual, Karla logra crear una atmósfera a un tiempo claustrofóbica e infinita.

Lissa pone pestañas a domicilio, nunca se relaciona con sus clientes más allá de lo indispensable — se coloca audífonos para escuchar música mientras realiza su trabajo— y mantiene relaciones fugaces e impersonales con los hombres. Kin es un exitoso cirujano plástico que se relaciona con sus pacientes tras operarlas, pero las somete a extraños ritos eróticos que involucran sacrificios de animales y sangre… y parecen formar parte de la experimentación necrófila que lo acompaña desde la infancia y de la que Lissa, obsesionada por embellecer los ojos, es partícipe activa.

“Ambos son muy obsesivos —destaca Karla Zárate, quien actualmente cursa un doctorado en letras modernas en la Universidad Iberoamericana— y la novela trata de este mundo que se han forjado desde pequeños, y cómo ese mundo ha crecido junto con ellos, volviéndose más complejo cada vez. Es una especie de competencia: quién se apodera primero del otro, aunque en realidad el uno representa el espejo más nítido del otro”.

“Quise exponer, de algún modo, hasta dónde pueden llegar las relaciones humanas, a través de una relación que debería calificar «fraternal», pero no es exactamente así. Configurar dos personajes que narraran su historia compartida desde sus respectivos puntos de vista, yendo más allá de la mirada. Estos hermanos se buscan, se repelen, pero la historia da un giro un inesperado cuando las pacientes de Kin empiezan a desaparecer”.

Dos novelas

Rímel es en realidad dos novelas que narran una misma historia desde dos puntos de vista distintos: el primero es de Lissa. El segundo, de Kin, narradas ambas en segunda persona. Lo más inquietante es que aun cuando la segunda historia se enfoca en Kin, éste no deja de ser impenetrable, enigmático, el que sale movido en las fotos porque hasta su imagen es imposible de capturar, un cirujano plástico que trabaja en un ambiente más propio de un tatuador y escucha rock gótico.

“Uno nunca experimenta —dice— un mismo suceso igual que la persona que lo vivió contigo, y las versiones, invariablemente, serán totalmente distintas y hasta discrepantes. Ellos coinciden casi en todo pero me interesaba esta doble mirada, y que el lector se involucrara profundamente con ellos”.

Y vuelvo a preguntarme… ¿amor? ¿Incesto? Qué rústicos suenan ambos términos para tratar de describir la relación de esta pareja que, por momentos, pareciera una versión contemporánea de Hansel y Gretel. Es sabido que las primeras exploraciones sexuales se dan entre hermanos, pero Lissa y Kin quisieran trascender las pieles.

“Quiero plantear en forma natural —responde Karla— este lado oscuro que todos tenemos; que nos horroriza o nos inspira culpa. La relación de sangre va mucho más allá, y con ella la relación de las pieles, y estos hermanos tienen experiencias muy físicas que no se concretan en lo sexual, y sin embargo son tremendamente eróticas. Eso tiene mucho más peso que el incesto. La piel es lo único que los separa del otro. La piel es una barrera o una frontera que tratan inútilmente de derribar y lo intentan a través de pequeñas perversiones. Estos personajes están tan inmersos el uno en el otro, que quienes los rodean no tienen nombre, se les alude con una inicial. Acaso W es la que parece a punto de quebrantar la perfecta intimidad de ellos, pero nunca lo logra. Las otras dos hermanas de Lissa y Kin existen solo como parte de sus obligaciones sociales. Estos hermanos crean, incluso, un criptolenguaje que solo ellos entienden. Va más allá de la relación de gemelos o siameses, porque por lo general estos tienen una relación más sana, y estos quisieran estar hasta en los sueños del otro”.

“Lo que es de arriba es abajo”, como dice la cita de Hermes Trimegisto que Karla emplea como epígrafe.

Rímel cuenta con dos protagonistas excelentemente trabajos, literaria y psicológicamente hablando. Pudiera decirse que conocemos absolutamente todo sobre Lissa y Kin, incluso sus gustos literarios —algunos de los cuales Karla reconoce como propios, y en particular, le señalo, Yasunari Kawabata, que parece impregnar su estilo— aunque en el caso de Kin ese conocimiento nunca deja de ser superficial. La autora se las ingenia muy bien para mantenernos oculto al monstruo que palpita en su interior.

Escritores mapa y escritores brújula

¿Cuánto tiempo le llevó a Karla Zárate realizar esta novela tan meticulosa?

“Soy un desastre —afirma, sonriente—. Hay escritores mapa y escritores brújula, como diría Ignacio Padilla. Yo pertenezco a los segundos, yo realmente no sé hacia dónde me va a llevar el impulso. Escribir es un estado alterado de la conciencia, es un poco como soñar y yo veo las imágenes súper nítidas. Me llevó entre dos y tres años porque quise cocinar muy bien a mis personajes, impedir que se me cayeran, corría ese riesgo. Cuidé mucho los detalles, investigué mucho sobre cirugía plástica, genética, trastornos mentales, y todos esos temas me resultan fascinantes. No se puede dejar nada al aire”.

Actualmente, Karla Zárate trabaja en otro interesante proyecto que no tiene relación alguna con Rímel. Se trata de una novela histórica donde pasado y presente se entrecruzan: “Es una saga familiar en la que el tiempo se diluye y parte de un emigrante italiano que llega a los Estados Unidos”.