Qué tanto está podrido
Alfredo Ríos Camarena
Los procesos electorales en México han tenido a lo largo de la historia contemporánea momentos violentos y de enfrentamientos ciudadanos; quizá los más relevantes en el México moderno han sido las elecciones presidenciales en las que el general Almazán enfrentó al general Manuel Ávila Camacho y también en las que participó el general Miguel Henríquez Guzmán frente al licenciado Miguel Alemán Valdés. Muchos han sido los comicios que se han visto envueltos por enfrentamientos a veces incluso sangrientos; sin embargo, la acción de violencia en las urnas ha ido desapareciendo, pues el avance de las instituciones democráticas como el Instituto Federal Electoral y el Tribunal Electoral de la Federación han permitido que la política electoral se realice en paz.
Las presentes elecciones locales para elegir congresos, ayuntamientos y gobierno estatal en Baja California en los últimos días han sido empañadas por denuncias entre los partidos participantes, también por actos sangrientos e inaceptables en algunas entidades como Oaxaca, Chihuahua, Durango y otras más y por un fenómeno nuevo que cobra mayor trascendencia por lo que representa, y que consiste en la acción del crimen organizado que ha venido pretendiendo obtener impunidad a través de complicidades con diversos tipos de autoridades; los delincuentes no buscan el poder político, sino la protección bajo cuya sombra despliegan su actividad criminal de extorsión, secuestro, trata de personas, prostitución y desde luego distribución y venta de diferentes drogas prohibidas por nuestras leyes. Su acción ha sido a través de la amenaza de plata o plomo; es decir, “o me das parte del botín, o te mando asesinar a ti o a tus familiares”. Éste quizá sea en el momento actual el problema más grave, no tiene qué ver con razones ideológicas, ni siquiera con la lucha por el poder político, sino con la utilización de éste para sus fines cada día más deleznables y dramáticos.
Los últimos días los partidos han condenado a sus oponentes involucrándolos en abuso de poder, utilización indebida de los recursos públicos y, en los casos como Aguascalientes, hasta denuncias de financiamiento por parte del crimen organizado.
Todo esto nos presenta un panorama preocupante, pues no se sabe en realidad hasta dónde llega la acción de las diferentes células criminales en diversas entidades federativas; qué tanto han inhibido la participación de candidatos que no les son gratos; hasta dónde han impulsado candidatos que pueden ser sus cómplices; qué tanto está podrido el sistema político con estas intervenciones verdaderamente desquiciantes y que pueden dañar toda nuestra estructura social y democrática.
Más allá de los resultados, es importante que las autoridades investiguen a fondo este nuevo tema pues seguramente será una forma de contaminar todo el entramado político con consecuencias impensadas y resultados sumamente graves.
A pesar de todo esto, existe la certidumbre de que estas próximas elecciones se realizarán en paz y muy probablemente exista, como casi siempre sucede, un gran abstencionismo que refleja el desinterés de buena parte de la sociedad. Los partidos políticos están obligados a no enturbiar más el ambiente y sobre todo a respetar los resultados que al parecer favorecerán mayormente al PRI por varias razones: primera, porque la mayor parte de las entidades donde habrá elecciones son gobernadas por este partido y es más fácil conservar el poder que obtenerlo. Con las excepciones de Baja California donde el PRI puede arrebatar la gubernatura al PAN, y los gobiernos resultados de las alianzas entre el PAN y el PRD, como es el caso de Oaxaca, Puebla y Sinaloa, en cualquier caso, otra razón del triunfo priista es la esperanza que ha despertado el nuevo gobierno y el desmoronamiento de los principales partidos opositores; la grave crisis del PAN, aunque no afecta directamente las elecciones locales, sí ha propiciado un enorme desprestigio de ese partido a nivel nacional; por otra parte, el PRD sigue profundamente dividido y más aún con la ausencia de Andrés Manuel López Obrador que está dedicado a crear una oposición más agresiva desde su nueva trinchera, Morena.
El proceso electoral que se realiza en estos días será tranquilo, pero dejará grandes huecos no sólo en la relación de los partidos, sino en el consenso para llevar adelante las reformas planteadas en el corto plazo a partir del Pacto por México, y también frente a nuevos horizontes electorales en los años subsecuentes.
El PRI ganará las elecciones, en su mayor parte, especialmente en aquellos lugares donde sus gobernadores hayan realizado trabajos de gobierno aceptados y requeridos por la ciudadanía.
El tema del crimen organizado y las elecciones no debe dejarse como una simple amenaza, debe ser investigado a fondo, analizado cuidadosamente y combatido sin tregua desde el gobierno y con el apoyo de la ciudadanía independientemente de las simpatías partidarias, pues lo que está en juego es el destino nacional.
