El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) albergará en el Museo Nacional de Arquitectura la exposición Partenón: Arquitectura y Arte, con la colaboración de la Comunidad Helénica de México, A.C., el Nuevo Museo de la Acrópolis, el Museo Arqueológico Nacional de Grecia, el Museo de la ciudad de Atenas, la Fundación para la Investigación y la Tecnología en Grecia (FORTH) y el Sacro Arzobispado Ortodoxo Griego de México. La muestra permanecerá abierta del 24 de julio al 22 de septiembre de 2013.
Dentro de las funciones de la Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble del INBA está promover la importancia de la preservación de monumentos históricos y de alto valor cultural en los ámbitos nacional e internacional, particularmente de aquellos que por su importancia ha ejercido gran influencia en la arquitectura universal, como el Partenón de Atenas (Grecia), obra que pervive por la tenacidad y el respeto que los griegos han profesado a sus vestigios a lo largo de la historia, no siempre afortunada para un edificio tan emblemático de la cultura occidental.
El Partenón es un templo de orden dórico, edificado entre los años 447 al 438 a. c., por los arquitectos Ictino y Calícrates; la decoración, bajo la dirección del escultor Fidias, se concluyó hacia el 432 a.c. Situado en la colina de la Acrópolis de Atenas, la llamada también “Residencia de Atenea Partenos” reemplazó a un templo anterior destruido por los persas en el 448 a.c.
El edificio se mantuvo en relativo buen estado de conservación bajo la ocupación de los bizantinos, que lo convirtieron en iglesia y luego sirvió de mezquita para los persas. En 1687 sufrió severos daños tras la explosión de un polvorín a manos de los invasores venecianos. A principios del siglo XIX, entre 1801 y 1803, el embajador inglés en Turquía, Thomas Bruce, Conde de Elgin, adquirió la mayor parte de la obra escultórica que yacía in situ para trasladarla a Londres, donde se resguarda actualmente en el Museo Británico. Pese a todas las vicisitudes el Partenón es, por su estado de conservación y refinamiento armónico entre lo visual y formal, el ejemplo más acabado del genio estético de los griegos que aún sigue en pie.
El templo es la materialización de la cosmogonía griega: cognoscible, estática y simétrica. Está concebido como una escultura clásica según los ideales de sus artistas en materias de proporción, armonía y estética (euritmia). Deja la impresión de compatibilidad y plenitud; su belleza se basa en la imposibilidad de añadir, restar o alterar ninguna parte sin modificar el todo en su conjunto.
Atenea merecía una morada digna de los dioses y sus fieles alzaron el Partenón, para adorarla en el patio exterior cuyo altar se encuentra al frente de la entrada oriental. La decoración escultórica en frontones y metopas, incide también en este protagonismo del exterior frente al interior. En la plenitud de su época, el Partenón deslumbraba por el contraste entre el mármol pentélico y la policromía de sus partes altas. Los capiteles, triglifos, metopas y esculturas ostentaban llamativos colores azules, dorados, rojos, etcétera.
La belleza para los griegos está en las proporciones del cuerpo humano y su relación armónica. A pesar de su magnitud, el Partenón nunca llega a desbordar la dimensión humana. En el templo, las columnas y capiteles semejan las piernas que sostienen el tronco y las diferentes partes que lo integran, son las medidas del cuerpo humano a escala.
La composición de la planta del Partenón se ajusta con escasas variaciones a la concepción primitiva de los templos griegos anteriores al siglo VI a. c. Es una estructura rectangular a la que se añadió un nuevo recinto, el Partenón o Sala de las vestales, formada por cuatro columnas jónicas. Este elemento es uno de los aspectos que imprimen al templo su originalidad. En esta estructura rectangular, el pronaos o vestíbulo, daba acceso a la sala más importante, la naos o cella de más de 30 metros de largo, ideada para resguardar la famosísima estatua de 12,8 metros de altura en oro y marfil de la diosa Atenea, realizada por Fidias, y motivo de la existencia de este monumento. La sala propiamente llamada Partenón estaba reservada al servicio exclusivo de las sacerdotisas (parthénos, doncella, virgen, y parthenón, sala de doncellas), en este lugar se almacenaban los objetos del ritual y los tesoros de la liga ateniense y del Estado.
La orientación de la puerta oriental del templo responde a la intención de iluminar majestuosamente la escultura de Atenea con las primeras luces del sol. El remate del templo era una cubierta inclinada de madera y tejas de barro a dos aguas. Las fachadas de oriente y poniente estaban ornamentadas con representaciones escultóricas. En la parte oriente se representó el nacimiento de Atenea, y el lado poniente se dedicó a la representación de la victoria de la diosa sobre Poseidón, relacionada con los orígenes de la propia ciudad de Atenas.
Partenón: Arquitectura y Arte recrea la historia de este emblemático monumento a través de fotografías, maquetas y videos, en los que se contemplará la extraordinaria labor de reconstrucción que se ha realizado en los últimos años, a manera de ejemplo para la preservación del patrimonio tangible inmueble de la humanidad.
Paralela a la exposición, el visitante podrá disfrutar de la historia de la diosa Atenea narrada por un cuentacuentos, los viernes 26 de julio, 2, 9 y 16 de agosto, a las 12:00 horas. A partir del martes 30 de julio y hasta el 16 de agosto, habrá visitas guiadas y talleres dirigidos al público infantil.
