Alan Saint Martin
Claudia Piñeiro (Buenos Aires, 1960) nos presenta una novela en donde las intrigas, la investigación, el amor, se valen de las nuevas tecnologías para que la historia se cuente. Con un nombre bastante peculiar, así como el diseño de una portada en donde un cartoon se vuelva parte medular de la historia misma, Betibú se inserta, desde el momento en que el lector abre las páginas, hasta el final, en una novela policiaca. La ya reconocida autora de Tuya, Un ladrón entre nosotros, Serafín, el escritor y la bruja, Cuánto vale una heladera y Las viudas de los jueves, responde a distintas cuestiones al respecto de la creación de su novela.
En esta novela, Claudia Piñeiro utiliza muchos elementos que tienen que ver con una novela policiaca: los asesinatos o las muertes no son explícitas, más bien se enuncian a partir de los otros hechos, la investigación intelectualizada, que haya un detective, en este caso tres “detectives”, quienes son el policía, el jefe de redacción y el propio personaje de la escritora. A diferencia de la novela negra que se centra además en hablar sobre el crimen como tal, describirlo completamente, la cuestión de las drogas, así como las relaciones sexuales explícitas. Le pregunto por qué escribir una novela policiaca que una novela negra. La autora escribe sin pensar en un género propiamente establecido, para ella eran novelas y en algún momento aparecían un crimen, un enigma, la búsqueda de la verdad, pero no pensando en las características de una novela policiaca: “Cuando escribí Betibú, decidí plantarme directamente en el género porque me pasó eso que terminaba todas las novelas y que alguien diga: ¡ah, es policial!”. Porque no sólo está lo policial clásico, sino que hay otras historias contadas en el mismo plano que uno puede entrar por otro lado.
La novela se llama Betibú y hace referencia a la Betty Boop de la tele, de los cartoons y propiamente de las flappers; se vuelve un icono dentro de la novela porque comparan a Nurit Iscar por su físico en repetidas ocasiones. La autora me comenta que se imaginaba el físico similar, además que fue un sobrenombre que le pusieron en un momento de su vida; había una cercanía con él. La importancia aquí es retomar el único cartoon sexuado, que tiene características femeninas y a pesar de ser muy femenina también sale al mundo a ganarse sus lugares. Es un cartoon que sobrevivió varias décadas, todavía sigue con nosotros y probablemente seguirá.
Además de la investigación de los dos crímenes, uno anterior al otro dentro de la misma familia, está la cuestión de violencia contra la mujer, de cómo la mujer debe defenderse. Varias de las flappers que se mencionan en la novela murieron de formas particulares. “Esta información —dice Claudia Piñeiro— me pareció que era algo que calzaba perfecto en la novela, que era necesario para ella que a veces llega de manera azarosa; vos se te ocurre hablar del cartoon y cuando empezaste a investigar te encuentras con esto y te dices ‘Esto lo tengo que contar, tengo que buscar la manera de contarlo’ porque sirve para lo que estoy contando, es la densidad de lo que estoy contando. Ese capítulo fue muy esclarecedor”.
Existe una oración que provocó me detuviera en la lectura: “Los personajes se mueren como se deben de morir” y mencionándola en una historia de crimen es un gran hallazgo:
Le pregunto a la autora: ¿Cómo surgió esta idea?, porque se vuelve hilo conductor en los asesinatos. Me responde: “Bueno, eso me pareció como la teoría del asesino: ‘tengo que matar a alguien para pasar desapercibido’. De alguna forma es como las personas están esperando que se muera así. Por ejemplo, si alguien corre mucho con el auto y maneja tomado, con copas, y mira que la familia dice ‘Mira que este tarado va a chocar, hay que decirle que no beba, que no maneje así’ y un día va y choca. Entonces nadie se pone a pensar: ‘Che, le habrán tocado el auto, le habrán hecho algo, le habrán hecho no se qué…’ porque era lo lógico, que todo mundo sabía, que las circunstancias iban hacer que terminara de esa manera. Entonces me parecía la coartada perfecta para el asesino”.
Se dice, en algunas ocasiones, cuando hay personajes escritores que el propio autor se refleja dentro de ese personaje-escritor. En este caso ¿qué tanto habrá de Claudia Piñeiro escritora en Nurit Iscar escritora? En todos los personajes se trata de entrar en el sentido de poder comprenderlos, aunque sea el asesino, meterse en sus zapatos y sentir las circunstancias que lo han llevado, porque si no los personajes terminarían siendo chatos, sin dimensión. Lo importante es que hay que hacerlos multidimensionales; que tengan sentimientos, que uno los pueda comprender, aunque a lo mejor no se esté de acuerdo con ellos. Entonces, todos los personajes tienen algo de ella. “En el caso de Nurit Iscar se nota mucho más para el lector porque se trata de una mujer que tiene más o menos mi edad, porque es escritora, etcétera. Ella es un poquito más grande que yo. Así como a otros, a ella también le presté cosas mías, le presté fantasmas”.
Llama la atención, y no ha sido en el primer texto que lo menciono, desde la primera oración está el verbo conjugado en presente. Le pregunto: ¿Por qué utilizar el tiempo presente para la construcción de Betibú?: “Me gusta mucho el tiempo presente y depende de la novela que estés contando. O sea, me parece que acerca bastante, el lector tiene la sensación que eso está pasando casi a lado de él y a uno como narrador también le permite ciertas cosas que el pasado no”. Lo interesante de esta respuesta es su explicación de por qué no usa el pasado: “El pasado lo usás cuando tenés que ir a él, tenés que elegir un presente narrativo y éste es en el presente o en el pasado”. Entonces, en muchas novelas el presente te permite estar más cerca, manejar los distintos tipos de pasados. Pero, además, tiene otro ritmo.
En Betibú el lector rápidamente sabe, mucho más que el protagonista, lo que pasó realmente y lo que hace es acompañarlo a que termine de enterarse qué aconteció, pero no hay un enigma en sí mismo de qué habrá pasado, quién fue… Esa pregunta típica del policía quién lo mató o por qué lo mató desaparece completamente en esta novela. Hay muchas cosas que están al principio de la novela y que al final hacen sentido.

