LOGOS
Disparate mayúsculo
Marco Antonio Aguilar Cortés
La falta de congruencia debilita al gobierno de Estados Unidos de América, y esto provoca dificultades en el mundo.
Cuatro ocasiones ha visitado México el presidente Barack Obama, y en la más reciente (mayo del año que transcurre) volvió a expresar con su oratoria directa y contundente: “…un nuevo México está emergiendo… es el momento de fortalecer la alianza económica bilateral. Queremos ser socios del éxito de este país, y juntos ser competitivos ante otros mercados del mundo… la relación de ambas naciones no deben definirse por las amenazas que actualmente enfrentan, sino por la prosperidad y la oportunidad que podemos generar juntos”.
Ésas son las palabras y los pensamientos de quien representa a Estados Unidos actualmente, si es que de manera consciente no dijo mentiras; sin embargo, en los hechos, el gobierno estadunidense sigue construyendo un muro en su frontera con México, militarizando toda esa zona de aproximadamente 3 mil kilómetros lineales.
El muro de acero tiene cerca de 6 metros de altura. Esta cortina divisoria, incongruentemente, impondrá a la larga un aislamiento a los de adentro, y apoyará el eficaz arribo de los de afuera; pero, además, es el peor de los mensajes para los vecinos que siendo socios también son amigos.
La fuerza militar que Estados Unidos concentra, en la división fronteriza, es de 50 mil hombres con vehículos, armas sofisticadas y aviones no tripulados de alta tecnología; además de tener vastos fondos económicos, y una legislación que convierte en criminal a todo migrante.
Entre países y pueblos vecinos, socios y amigos en donde uno de ellos necesita de la mano de obra del otro, y en donde éste requiere del trabajo de aquél, la militarización es un disparate mayúsculo.
La oratoria estadunidense a la caída del muro de Berlín, a través del presidente George H. W. Bush, se expresó: “Nunca jamás otro muro que divida… La lucha contra todo muro comienza en el corazón y en la mente de los seres humanos”. Y el presidente Bush, padre, aprobó y firmó el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá. Tratados sí, muros no.
Y su hijo, el presidente George W. Bush, inició la construcción del muro fronterizo entre su país y México, provocando que su hermano Jeb Bush, gobernador de Florida, dijera: “Es irónico que Estados Unidos haya gastado tanta energía en tratar de derribar el muro de Berlín, para ahora dedicarnos a construir un muro en nuestra frontera con México”.
Aquel muro de la vergüenza de Berlín ha sido suplido por este muro de la vergüenza entre México y Estados Unidos. Aquél medía 45 kilómetros y tenía 4 metros de altura, provocó 270 muertos, y lo construyó la dictadura soviética; éste lo construye la democracia estadunidense y ha provocado decenas de miles de muertos.
Estados Unidos como líder mundial, y por tanto su gobierno, no deben ejercer una política de incongruencia, por su propio bien.
