A contracorriente

Madero y Zambrano contra el PRI

René Avilés Fabila

Los partidos políticos y el propio gobierno de Enrique Peña Nieto declaran que no van a privatizar Pemex. El tema es candente y una bandera de quienes dicen ser de izquierda. Andrés Manuel López Obrador ha iniciado nuevamente su campaña en pos de la Presidencia de la República con dicho tema. En un mensaje electrónico declaró de modo agresivo que todos aquéllos que estén por la privatización del petróleo son traidores a México. El twitter iba más dirigido al PAN que a los demás.

Por una razón fundamental: mientras Peña Nieto toca el tema sin hacer una propuesta firme y segura —más bien lo ha puesto en el tapete de la discusión pública— Acción Nacional se anticipó y, sin más, afirmando una vez más que Pemex no sería privatizado, hasta reformas constitucionales está pidiendo para, si no ponerlo en manos particulares, sí permitir más inversión privada. Fue, dijeron los especialistas, un madrugete de Gustavo Madero para posicionar su endeble partido, que ha tenido que vincularse con el PRD para obtener algunas ganancias.

Ya se había hecho manía hablar de la fraternidad entre PAN y PRI. La realidad, siempre brutal, la desmintió, y ahora por todo México estos dos partidos aparecen juntos, en extrañas ligas. Madero y Zambrano hermanados contra el PRI. Pero en este punto no hay acuerdos entre ambas fuerzas aparentemente opuestas en sus proyectos e idearios. Lo inaudito es que el propio Zambrano declare que si el PRI y el PAN se alían en materia petrolera, se quedarán hablando solos, como si eso fuera muy grave para la nación. Es posible que haya mayores coincidencias entre PRI y PAN sobre ese asunto, que entre la imaginaria y muy fragmentada izquierda. ¿Sabemos con precisión qué piensa el exitoso Miguel Ángel Mancera al respecto? ¿Se sumará sin mayores discusiones a un acuerdo contra la participación de capitales privados en la paraestatal petrolera?

Todos coinciden en “modernizar la industria petrolera”. Pero no hay acuerdos sobre la forma de hacerlo. El hecho es que la orgullosa empresa muestra un estado ruinoso, y dejará de ser la enorme fuente de ingresos que ha sido hasta hace poco si no sufre transformaciones profundas.

Se espera una fuerte polémica y aquí es donde Obrador sacará ganancia de la hazaña cardenista y que es parte fundamental de la historia, pero que no es posible mantenerla como estaba hace décadas. AMLO exagera, le dice a sus seguidores que, sin Pemex en manos mexicanas, el país se irá a la ruina. Es su bandera. Carece de otra. Si antes fue “primero los pobres” y se concentró en hacer obras para personas de elevados ingresos, como los segundos pisos, hoy lo hará con el petróleo.

Todos hacen preparativos para la sucesión de un hombre que no llega al año en el poder. Ebrard, por ejemplo, busca desesperadamente colocarse en un aceptable plano, formando una nueva tribu dentro del PRD y haciendo suyo el tema petrolero. Peña Nieto tiene la palabra, de su propuesta y la habilidad para plantearla, depende el futuro de Pemex.

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