LA SOMBRA EN EL MURO
Es irrepetible e inimitable
Humberto Guzmán
Existe interés en asistir a talleres y cursos para escritores y los concursos de novela reciben un buen número de participantes. Existen libros acerca de cómo escribir una novela. Pero, hasta donde yo conozco, ninguno explica en un sentido estricto cómo escribirla. Se aproximan a esto último cuando estudian géneros populares, como la novela negra. En esta dirección, yo propongo ejercicios que nos lleven a la escritura de una de esas novelas que gustan tanto. Sin embargo, precisar cómo se escribe una novela en general es una falacia. No hay fórmulas para escribir novela (o cuento), fuera de algunas características del género. Porque es una entidad viva, autónoma, que exige una narración propia.
Algo me ha empujado a pensar en este problema desde los años setenta. Pero fue hasta 1998 cuando me decidí a diseñar algo —que no veía en ningún lado— que me acercara a cómo dar una clase para escribir novela. Lo más cercano es el análisis del texto, concluí. Un curso que tuviera en su centro la escritura de novela. Lo ofrecí a algunos lugares. Luego, hice apuntes como una bitácora, que me corrigiera para cursos siguientes. De este ejercicio surgió mi texto Aprendiz de novelista. Apuntes sobre el oficio de escribir novela (2006). La praxis me llevó a algunas conclusiones que capitalicé en aquel texto. Pero no cometí el error de dar recetas, fórmulas, sobre cómo escribir una novela.
Académicamente, se puede organizar un curso o diplomado para novelistas: diseñar cursos que estudien su historia, el personaje, tendencias, autores, por países, lenguas, épocas, pero no se acerca al verdadero y único problema: cómo escribir una novela.
¿Cuándo se es novelista y cuándo no?
El acto social de aceptar a alguien como novelista es muchas veces arbitrario. Hay quienes escriben sin calidad y, por razones extraliterarias y de mercado, son considerados novelistas. Pero puede haber casos en los que algunos escriban buenas novelas y no se les reconozca —aunque las publiquen.
Del escritor de los éxitos, Stephen King, se divulgó hace años Mientras escribo: “Pocas veces un libro sobre el oficio de escribir ha resultado tan clarificador, útil y revelador.” Pero, no es tal. Con su lectura sabemos algo sobre la personalidad del autor y su forma de trabajo, no deja de ser interesante, pero no dice cómo escribir una novela, ni siquiera como las que él hace. No iba a ser tan ingenuo de revelar su fórmula, para que otros lo desbanquen. A estas novelas populares es posible estudiarlas y descubrir, grosso modo, cómo se hacen. Con un poco de talento y trabajo, quizás repetirlas. Son atractivas, clasificables, obedecen a reglas establecidas y el mercado las consciente. Lo que facilita su desarrollo.
En cuanto a la novela como arte, como una forma original, no se la puede enseñar a escribir. Es irrepetible e inimitable, hasta por su mismo autor. Sólo éste puede escribirla a partir de su psicología, su formación, su experiencia y sus intereses artísticos y formales. Es personal, en una palabra.
No hay que olvidar que la novela es texto. Por lo menos en mis clases, el análisis de la novela es el del texto. Es la mesa de disección que rodean los alumnos y el profesor para estudiar el cuerpo yaciente. De ahí que este ejercicio no se pueda hacer por la Internet. La pantalla del ordenador difícilmente sustituirá la forma, la subjetividad, de la página impresa. La Internet es un medio ágil e instantáneo para llevar el texto a cualquier parte. Pero yo me refiero en estas notas al hecho de escribir novela y no a su diseminación.
Para analizar el texto de una novela es indispensable la página impresa, seguir la lógica del lenguaje escrito, las oraciones, las frases, las palabras. De este modo se detectan los errores y los aciertos. Porque no es nada más lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Si yo hago una corrección en la pantalla, desaparezco la versión anterior. Por más que se vuelva a traer. Esto puede ser el inicio de nuevos errores. De cualquier modo, no hay como trabajar con el texto impreso, esa entidad, ese cuerpo vivo, sobre todo en clase. Lo demás es moda tecnológica.
En Cartas a un joven novelista, Mario Vargas Llosa concluye: “…decirle (al joven novelista) que se olvide de todo lo que ha leído en mis cartas sobre la forma novelesca y de que se ponga a escribir novelas de una vez”. Y Milan Kundera dice, en El telón, “…así es como teoriza un novelista: conservando celosamente su propio lenguaje, huyendo como de la peste de la jerga de los eruditos”.
