El 20 de agosto de 1940, Lev Davídovich Bronstein, mejor conocido como León Trotsky, fue atacado en su casa por Ramón Mercader, quien le clavó un piolet en la cabeza. El magnicida contó con la ayuda de la madre de Mercader, Caridad, y de dos mexicanos, Vicente Lombardo Toledano y David Alfaro Siqueiros.
José Stalin, líder de la URSS en ese entonces, había decidido deshacerse de Trotsky y lo hizo a través de la operación urdida por Jotov, encargado en México de las operaciones contra el revolucionario ruso.
Jotov planeó el ataque con Ramón Mercader (conocido como Jaques Mornard), catalán comunista combatiente de la guerra civil, para que se infiltrara en el círculo cotidiano de Trotsky y ganara su confianza. Mantuvo un noviazgo con la secretaria Silvia Ageloff para llevar a cabo su fin y aquella tarde, aunque la casa estaba fuertemente custodiada, Mercader se quedó a solas con León con la excusa de leerle un escrito.
Trotsky, organizador clave del golpe de Estado que permitió a los bolcheviques tomar Rusia, moría un día después en el hospital. A su funeral acudieron cerca de trescientas mil personas.
