POLÍTICA Y GOBIERNO
Vivimos en círculos de fantasía
Jorge Carrillo Olea
La extraordinaria creatividad de George Orwell que nos ofreció en su libro 1984 es la creación no igualada de una fantasía en la que se entrelazan distintos actores en distintos tiempos para resultar que ni actores ni tiempos son distintos. En la fantasía siendo todo distinto, todo es igual. Tal inteligencia produce una novela distópica, o sea la historia de una sociedad que se indesea, que en todo intento se manifiesta anticlimática o es en sí misma un despropósito.
1984 es una novela política que creó al omnipresente y vigilante Gran Hermano que se ha puesto de moda gracias al soldadito Bradley Manning, a Edward Snowden y al doliente Obama. Tal vez por ello y por las realidades mexicanas, siempre surrealistas, muchos analistas descubren paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de 1984, sugiriendo que estamos viviendo en lo que se ha conocido como: sociedad orwelliana, totalitaria y represiva.[ ] La represión orwelliana dimana de una autoridad que evidentemente no se da en el México de hoy, o se da por los medios más sutiles. Eso no quiere decir que no la haya, más allá de los deseos presidenciales y de los cuidados del círculo rojo.
Abundan los analistas que se adhieren a la idea de que la represión de nuestros tiempos se da no por la voluntad y acción de un gobierno totalitario, sino por la benignidad y omisión de los gobiernos democráticos y sus consecuencias en el desorden social.
“Quien controle el pasado controlará el futuro”, es eslogan del partido dominante y suena mucho a PRI. Con ello está dado el insumo ideológico para la transformación del mundo. He aquí la primera consistencia o coincidencia con México: nuestra eterna fantasía de que es simple transformar al país, el desparpajo de creerlo y luego simular que ya se hizo.
La segunda es “el doble pensar”. Es tan nuestra esa actitud que sonriendo asumimos: somos de los mismos, de esos capaces de negar y aceptar al mismo tiempo y quedar convencidos de ambas cosas nosotros mismos. Si refiere a actos fallidos del gobierno siendo parte de él, somos capaces de negarlos como a la luz del sol. Sencillamente ningún desatino es cierto. Lo cierto es la perfección.
Pero tenemos también nuestro ser oscuro, el que carga con todo lo que anda mal, es su destino. El orwelliano que suscita otra afinidad con lo mexicano es el Enemigo del Pueblo que se inspiró en León Trotsky, el marxista bueno. A ese señor como a Trotsky lo fueron sus colegas. El nuestro no se ha ido, goza haciendo ruido, ¡nada más!
Ambos participaron y fueron personajes importantes en las etapas del post-todo; la descripción del aspecto físico del nuestro salvo la barba coincide con la de Trotsky. Trotsky y su apellido son judíos aunque el del nuestro sea un patronímico de Lope de origen español. A más de eso la referencia más obvia es el verdadero escozor que ambos provocan: estorban a todo.
Cómo los héroes de nuestro 1984 encuentran las excelencias del futuro en nuestro pasado, fácil: ráscale al hambre y dales los paliativos apetecidos, ráscale al desempleo con programitas y refrita el pasado como receta para todo tema, refríe algo de lo mucho que quedó.
Para cerrar este círculo fantástico y ahora pensando en Beckett y su Esperando a Godot, habría que encontrar nuestra identidad con aquel par que a la vera de un camino tenían días (¿décadas?) esperando. Su problema radicaba —ya que su vida era absurda— en que pensaban que quizá tenían una cita, pero no sabían con quién, no sabían qué era lo que esperaban, no sabrían tampoco cuándo sería posible que viniera y para más, menos sabían para que lo esperaran. Así que decidieron irse y por eso no se movieron.
En estos círculos de fantasía vivimos los mexicanos. Nos enseñaron a crear ensueños y darlos por reales y consumados y aplaudir de contento y gratitud. A pensar doble y comportarnos triple si fuera necesario. Nos enseñaron a votar, a opinar y a actuar sin saber a qué, por qué o para qué. Nos enseñaron a que el espejo de la vida reflejaría exactamente lo que nos dijeron que debería reflejar y por ello sentir una inmensa satisfacción.
Hace un instante, mediante un beso empezamos a despertar, pero ¡oh, sorpresa! he aquí otra fantasía: Lázaro ha resucitado y se ha pronunciado a favor del oficialismo y también hay que agradecer a este despertar, aunque nos recuerde el pasado, que obedeciendo a la Ley de Gravedad de Newton, otro resucitado, los precios de combustibles y electricidad bajarán. Todo eso gracias al 1984 mexicano.
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