POLÍTICA Y GOBIERNO
El crimen puede más
El lugar en que nací es el jardín de Nueva España.
José Ma. Morelos y Pavón.
Jorge Carrillo Olea
Cuándo, dónde, por qué se inició el infortunio que hoy parece no tener salida. Léase como se lea, es la desesperación social, hoy expresada por grupos armados de diversas índoles, de diversos intereses, con diferentes recursos, pero al final está la necesidad social, absurdamente real en una tierra riquísima. El azote hoy evidente es creatura del cacicazgo, el autoritarismo, la corrupción, la voracidad y la ineficiencia de décadas.
Ese jardín edénico que añoraba Morelos no fue metafórico y sí duró siglos, hasta que los vicios e indigencia gubernamentales ya aludidos acabaron con él. Basó su riqueza en su privilegiado campo, lamentablemente toda ella fue acaparada. Michoacán es producto neto de la Revolución, pero a fuerza de ser tierra de próceres, heredó los abusos y desvergüenzas, y no las bondades.
Sus caciques de raigambre posrevolucionaria funcionaron como líderes pro régimen, y con ellos y sus vicios se gobernó. A cambio se les dio impunidad, todas las prebendas, obras, créditos, concesiones, mientras ellos hacia abajo se comportaron como hacendados porfirianos. No pocos fueron embozados marihuaneros. Michoacán, su tierra caliente, hoy es sólo muerte y desamparo.
Cuatro gobernadores del tronco Cárdenas: Lázaro, Dámaso, Cuauhtémoc, el otro Lázaro y muchos otros políticos que fueron simples comparsas: Julio César Godoy Toscano, diputado federal prófugo por narco y hermano de su hermano. Sin olvidar los diez presidentes municipales que fueron arrestados por lo mismo y liberados por defectos en la consignación, no por inocentes. ¿No deberían asumir cierta responsabilidad en el daño?
Si a los Cárdenas les suman sus años de gestión de un cuarto de siglo, en que tuvieron en un puño el estado, consecuentemente, ¿se les podría adjudicar alguna responsabilidad en la desgracia? Y a los dos últimos gobernadores, otra vez Lázaro Cárdenas y Leonel Godoy, ¿no les bastaron 12 años para diagnosticar a su estado y anticipar el conflicto? Pues no. Se prefirió gobernar disimulando, transigiendo en todo, postergando, corrompiendo.
La consecuencia de todo ello es que de muchas maneras la situación en Michoacán es el reto más agudo que enfrenta el presidente Enrique Peña Nieto. Es ya gravísimo por lo que se observa y por lo que debiera deducirse de ello: a la Policía Federal se le embosca en una carretera de cuatro carriles, al Ejército se le captura y apresa. Es evidente que el crimen puede más.
Por lo menos son dos los mentís al gobierno federal: 1. Que hoy se trabaja con inteligencia operativa y que todas las tropas, siete mil militares, marinos y policías, hoy actúan coordinados según expresó Peña Nieto. 2. Exculpatorio surge el discurso vetusto: “los resultados que hasta ahora han sido muy favorables y que vamos a reforzar, y que sepan que en materia de seguridad no habrá retroceso”, dijo el secretario de Gobernación.
A vista de pájaro la situación es una detonación de rivalidades entre cárteles, grupos de autodefensa y fuerzas de seguridad. En explosiva conjunción amenazan cualquier esperanza de retornar la estabilidad a la región. Son ya muchos meses desde que el estado experimenta un baño de sangre originado por ataques en contra de las autoridades. En respuesta, en una lógica lamentable, el gobierno por cada muerto oficial luce justificante la muerte de diez sicarios. No es una situación de números.
No se sabe en qué quedó aquella nueva estrategia que con tanta presunción fue anunciada con alarde en mayo pasado, la que se centraba en que “todo” estaría a cargo de un general. “Lo que sí es cierto es que hay un gran reforzamiento (de seguridad en Michoacán), pero fundamentalmente una coordinación entre todas las autoridades federales, estatales y municipales. Hacia allá vamos”, dijo en aquel día el secretario de Gobernación.
“Mi país es un Vietnam silencioso”, expresó con gran amargura el presidente Salvador Allende. En Chile no había aún el ensangrentado golpe de estado pero sí un caos político social económico propiciado por Estados Unidos. El golpe se veía en el horizonte, vendría, pero los contrincantes serían sólo el poder golpista y el pueblo oprimido. México lamentablemente apunta para un poco más en términos de conflictividad.
Nuestra conflictividad está en que son muchos los legítimos intereses lastimados, cada uno con su propio reclamo aunque la base genérica sea la pobreza con todas sus causas y consecuencias. Si supiéramos cómo combatir el crimen, no sabemos qué hacer con las autodefensas pues son a veces respetables ciudadanos y otras veces no lo son tanto.
En los años de la utopía mexicana que describió Adolfo Gilly, el PRI se impuso como divisa: democracia y justicia social. ¡Si al menos hubiera sido cierto, aunque fuera en parte! Pero no. Tomando a Porfirio Muñoz Ledo vale decir: “Nuestra generación falló en sus propósitos fundamentales”.
