CHARLAS DE CAFÉ
Entrevista a Marisa D’Santos/Autora de El canto de la serpiente
Eve Gil
La novela El canto de la serpiente, de la escritora española, residente en Pachuca, Hidalgo, Marisa D’Santos, ha recorrido un largo periplo. Su volumen intimidó a las editoriales importantes, pero los rechazos no hicieron retroceder a Marisa, confiada en la gran calidad de su trabajo. Optó por emprender la aventura de una edición de autor (Samsara Editores, 2012), cuyo primer tiraje se agotó en las presentaciones, y hubo necesidad de un segundo. Recientemente se le ha publicado, en una bella edición, en Sediento Ediciones, Narrativas en Español (sedientoediciones.com), cuyas oficinas se encuentran en el Estado de México, y se dio a conocer en la reciente edición de la Feria del Libro de Minería, dedicada a este estado de la república.
Marisa D’Santos no es una escritora neófita o aficionada, aunque ha publicado con suma discreción. Su libro anterior, La mujer flagelada (Editorial EON, México), ha sido traducido al inglés y obtuvo excelentes críticas. Como novelista, sorprende su poderosa, intensísima narrativa y el impecable diseño de personajes dotados de emociones incendiarias y una compleja psicología.
Historia de mujeres
El canto de la serpiente, por otra parte, se sitúa en el punto más álgido de la dictadura franquista en España.
“Mi idea fue escribir la historia de unas mujeres en las diferentes etapas de su vida —señala la autora— algo así como una saga que abarcara más de una generación, y que el personaje principal siempre fuese mujer, aunque también hay personajes principales hombres. Quise agrupar a esa familia que había dejado en España y que tanto extrañaba.”
“En mi mente bullían —agrega— las leyendas, los rumores, los secretos que guarda cada familia y que de niños descubrimos a medias llevados por la curiosidad. Me di cuenta que en la novela podía construir a mi manera esas historias que tanto me impactaban de niña: el mito de las culebras, el temor a los fenómenos de la naturaleza, tormentas, inundaciones, el miedo a algunos personajes considerados extraños en el ámbito social. Cada uno de ellos está hecho con las características y forma de ser de la gente que conocí, los revolví y luego los uní para así formar los personajes centrales.”
La protagonista de esta novela es Regina Escalante, una joven de origen incierto, de la que solo se sabe que nació durante los bombardeos del verano de 1936, y termina siendo adoptada por la partera que la trajo al mundo, una gitana de nombre Asunta que termina odiando a la misma niña que ha acogido, cuando esta es seducida por su amante —que de algún modo ha fungido como una correcta imagen paterna para Regina— y termina arrojándole una maldición el día de su boda con Genaro, varios años después, que parece perseguir a Regina y a su esposo en forma despiadada.
“Mi niñez y adolescencia —dice Marisa— transcurrió en la España de Franco, en la que no se hablaba de sexo ni en las escuelas ni en la familia —continúa la autora—. Las relaciones eran aparentemente más sencillas que ahora, a las niñas las educaban para ser novias, esposas y madres; no había cuestionamiento al respecto. Esas niñas-mujeres se enamoraban del hombre que irradiaba seguridad y que, de alguna manera, no las ponía en peligro de sucumbir a ese deseo prohibido ante la sociedad; el objeto de ese amor, las más de las veces, era el maestro, el sacerdote (como en el caso de Aurora, madre de Regina) y otras figuras un tanto inasibles. Ese misterio, el estar simulando que no sientes nada cuando la realidad es que quisieras gritar que estás enamorada y que mueres por un beso o por acariciar a alguien, aviva el deseo y, al no tener un desahogo natural, a veces se convierte en obsesión, trastocando todo lo que te rodea.”
Personajes y ambiente
La historia tiene como marco una ciudad ficticia, Hinojosa del Río, construida, según nos explica Marisa D’Santos, con base en muchas otras ciudades españolas que conoció pero, a un tiempo, única en su imaginación.
“Lo mismo que con los personajes —dice—, fui creando un pueblo con las partes de otros pueblos que conocí. Ese río coronado por un puente con leones de piedra es parecido al de la ciudad donde nací (León); el Paseo de los Chopos puede ser esa avenida que conocimos en algún momento, solo le añadí los árboles que más se dan en esa parte de Castilla. El parque donde Regina y Genaro se enamoran tiene un estanque con patos, como la mayoría de los parques españoles. Las montañas que rodean Hinojosa son el reflejo de otras tantas montañas que me han acompañado en España y en México. Nada en este pueblo es del todo real o ficticio, al igual que los personajes que lo caminan.”
Naturalmente, pese a haber vivido en España y haberse alimentado de anécdotas familiares, Marisa realizó una exhaustiva investigación documental para lograr esa proximidad y verosimilitud que caracterizan El canto de la serpiente.
“Hay mucho de intuición —dice Marisa— en esta novela, que no es una novela histórica, a pesar de tener datos, fechas y nombres verídicos. Creo que la intuición es la parte más humana de esta historia; recubrir el esqueleto, la estructura que, en principio fue esta novela, requirió de una gran dosis de intuición.
El canto de la serpiente le llevó a Marisa D’Santos diez años de escritura, posteriores a la publicación de su libro de relatos.
“Cada vez era más difícil —relata— hacerme de nuevo con la historia y tenía que comenzar desde el principio. Una de esas veces, la computadora se «tragó» como 30 páginas que no pude recuperar. Eso me desesperó y la dejé durante mucho tiempo. Pero la historia y los personajes seguían dándome vueltas en la cabeza, de pronto me daban ganas de terminarla y otras de tirarla a la basura. Al final opté por terminar la primera parte como novela única. Como hace un año me propuse terminarla y lo conseguí.”
A su llegada a México, acompañada de su esposo y sus dos hijos —aquí nacería el tercero—, Marisa vivió en la colonia Roma de la ciudad de México, pero tras los terremotos de 1985 se mudó a Pachuca, donde radica hasta la fecha. Fue en este país donde se hizo escritora, aunque siempre fue muy lectora. Ha frecuentado talleres literarios con Rafael Cravioto Muñoz y Guillermo Samperio. Se reconoce muy influenciada por J.M Coetzee, Virginia Woolf y George Simenon, entre muchos otros.
