CHARLAS DE CAFÉ

 Entrevista a Federico Andahazi/Autor de El libro de los placeres prohibidos

Eve Gil

El libro de los placeres prohibidos es un libro mítico que encierra todos los secretos del placer erótico desde tiempos de las sacerdotisas de Babilonia, pero de cuya existencia no hay constancia física, pero el asimismo titulado El libro de los placeres prohibidos, de Federico Andahazi (Planeta, 2013) alude no solo a aquel que desencadena una serie de asesinatos de prostitutas en una ciudad alemana del siglo XV, que eran cuidadosamente desolladas, sino también al que pudo haberlo difundido en forma masiva de habérselo propuesto: Johannes Gutenberg  (1398-1468).

Gutenberg es el primero en el árbol genealógico de una serie de genios que han revolucionado la cultura, y a la que pertenecen también Bill Gates o Steve Jobs, aunque su historia se parece asombrosamente a la de Mark Zuckerberg, el creador de Facebook.

Gran inventor

“A mi juicio —señala el autor nacido en Buenos Aires en 1963— Gutenberg es el personaje más importante de la historia y el inventor más grande de Alemania. La aparición del libro impreso anticipó la salida de la Edad Media y la entrada del Renacimiento, pero sobre todo logró la democratización del libro y la lectura”.

“Ahora bien —continúa— se sabe muy poco acerca de él, y si nos preguntan por él respondemos de manera casi escolar: fue el inventor de la imprenta… o el padre del libro. Pero eso no es cierto: Gutenberg nunca inventó la imprenta. Lo que él inventa es una máquina para falsificar manuscritos, en una época en que un manuscrito valía una fortuna. Era un trabajo titánico de unos dos años por parte de los copistas, y solo el clero y la aristocracia tenían acceso a esas piezas. Era impensable una biblioteca particular. Con lo que valía un libro, uno se podía comprar una casa en cualquier ciudad europea. Así entonces, Gutenberg, asociado con un banquero —Johann Fust— y un artesano —Petrus Shöffer— consiguen fabricar esta máquina falsificadora de libros”.

“A poco de esta gran estafa, que les estaba dejando grandes réditos —sigue Federico—, Fust es apresado en París y eso destapa el fraude y la imprenta clandestina ubicada en una abadía en ruinas y los tres son sometidos a juicio”.

“Casi toda la literatura —dice Federico—estaba prohibida, pero había uno en particular, El libro de los placeres prohibidos, cuya sola mención erizaba la piel de los religiosos, pues condensaba toda la sabiduría del placer carnal, desde Babilonia en adelante. De hecho, nadie estaba seguro si ese libro existía o no, pero la sola suposición, combinado con el invento de Gutenberg, era una genuina bomba de tiempo.  Es ahí donde se juntan las dos historias, la de los asesinatos de prostitutas del Monasterio de las Adoratrices de la Sagrada Canasta con las andanzas de Gutenberg”.

“La gran pregunta que sobrevuela prácticamente toda mi obra es: ¿en qué momento la sexualidad dejó ser algo sagrado? Creo haber encontrado la respuesta de por qué la sexualidad terminó siendo demonizada: varios años antes de Cristo, el pueblo hebrero cae cautivo del pueblo babilónico, es obligado entonces a practicar estos rituales que oficiaban las sacerdotisas en los templos. Al principio se resisten porque son monoteístas, pero la carne es débil y finalmente terminan aceptándolo. Cuando por fin los hebreos se liberan del yugo babilónico, la tensión crece a tal grado que la sexualidad es percibida como un arma del lado del enemigo. Nosotros heredamos ese repudio a Babilonia. Cuando uno lee la Biblia hoy, vemos que la gran responsable del Apocalipsis es la Prostituta de Babilonia”.

Numerosos juicios

El también licenciado en psicología por la Universidad de Buenos Aires consagró dos años a este monumental thriller histórico y se encontró, entre otras cosas, que Gutenberg no era precisamente un santo.

“Más de dos años de investigación, de viajes y la única constancia de que Gutenberg existió —dice el autor— son las numerosas constancias de los juicios en su contra. Por falsificación, por estafa, y me encontré con otro que le inició una mujer por incumplir un compromiso de matrimonio. Con todos esos documentos pude reconfigurar y crear a ese personaje que fue Gutenberg, hijo del director de la Casa de Moneda de Meinz, al cual Johaness nunca le perdonó que, teniendo a su alcance todo ese dinero, su familia siempre fue pobre. El propósito que realmente lo movía era hacerse rico, a cualquier precio, con cualquier cosa. Pude percibir en esas actas que no tenía escrúpulos, pero al mismo tiempo nunca fue consciente de su genialidad. No solo cambia la historia de la humanidad, sino quien establece las reglas modernas de la tipografía. Cuando desplegamos las clases de tipografía disponibles en nuestra computadora, estamos invocando a Gutenberg. Lo importante, creo yo, es que terminó cambiando la historia de la cultura, y ahora es un héroe. No creo en las categorías de maldad y bondad. Lo único nocivo es la estupidez y me parece que uno, queriendo ser bueno, puede hacer grandes maldades como pudo haber sido su caso.

Renacimiento del libro impreso

La época actual, señala Andahazi, tiene mucho en común con ésta:

“Quienes creían estar asistiendo a la muerte del libro, en realidad fueron testigos del nacimiento del libro. Hoy ocurre exactamente lo mismo: muchos creen estar asistiendo a la muerte del libro que creó Gutenberg, pero creo que estamos ante el renacimiento del libro. La lectura y la escritura se van a modificar. Tal vez no hoy, ni mañana, aunque estas revoluciones suelen ser muy rápidas. En el fondo somos muy conservadores, nos resistimos a los cambios. Soy nieto de editor, tengo una relación más que íntima con el libro impreso, pero entiendo que esto tiene que pasar. Hace años que no leo los diarios en papel, sino en formato digital. Todavía no me sucede con los libros, pero creo que me puedo acostumbrar. Y los escritores, estoy seguro, no vamos a morirnos de hambre”.

Actualmente, Federico Andahazi escribe otra novela histórica, aunque mucho más próxima a nuestro tiempo, ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, donde recreará una vivencia de su propia familia, originaria de Hungría.