Patricia Gutiérrez Otero
Mil novecientos treinta y ocho, hace setenta y cinco años. El General Lázaro Cárdenas del Río, presidente legítimo de México, proclamó la privatización del petróleo: “Se declaran expropiados la maquinaria, edificios, oleoductos, vías de comunicación, embarcaciones y todos los demás bienes de las compañías petroleras”. El país pagará lo debido a las compañías extranjeras que no han aceptado acatar las resoluciones del gobierno mexicano. La gente salió a brindar su apoyo. Algunos ancianos aún lo recuerdan pues eran adolescentes o niños. Hay quien me ha contado cómo, siendo niña, buscó sus aretes de oro y con verdadero orgullo fue a dejarlos en el centro de acopio para poner su granito de arena. Sus aretes le gustaban, pero más le entusiasmaba el fervor que invadía al país. Historias debe haber muchas. Los registros videográficos lo muestran: alcancías, monederos, guitarras, alhajas, atuendos. Los medios de comunicación, prensa, radio y televisión tenían menos poder, pero un hombre íntegro, uno de los mejores presidentes que hemos tenido, supo convocar a un pueblo que todavía se sentía identificado con su pertenencia a un país.
No estoy hablando a favor de un chauvinismo ciego ni de un nacionalismo cerrado, finalmente los bienes de la Tierra deberían ser para todos –y en este espacio me reservo mi opinión sobre el uso y abuso del petróleo como de otros bienes naturales–, me refiero a la explotación de una riqueza natural por parte de compañías que no se identifican con el territorio en el que se encuentra ni con sus habitantes, sino que por el contrario, los explotan. Basta ver, en este 2013 lo que están haciendo las mineras canadienses en gran parte de nuestro territorio y a sabiendas de seudogobernantes que su tajada han de recibir. Este solo asunto de las mineras a cielo abierto bajo el bello signo del árbol de maple debería abrirnos los ojos para ver lo que va a venir, porque lo que va a venir ya está sucediendo.
Para cerrar, hago mías las palabras de mi amigo, el poeta Luis Ernesto González quien en Facebook escribió: “Lo bueno, señor EPN, es que podemos rascarle a la historia de las, sí, privatizaciones, para ver cómo nos ha ido a los mexicanos con tan valientes medidas. Pensemos, por ahora, en un solo caso: los bancos. ¿Nos va bien a los mexicanos con una banca en manos mayoritariamente extranjeras? ¿Cómo le explica, Mr. EPN, a los mexicanos, que tenemos uno de los sistemas bancarios más abusivos del mundo, con más comisiones y menos rendimientos? Baste pensar que la tercera parte de las ganancias del BBV provienen de México. Robo en despoblado… Ojalá fuera en despoblado. Es un robo ante los ojotes del gobierno, que sólo se quita y le reza a las benditas leyes del mercado. Y lo más triste, Mr. EPN, es que millones de mexicanos se la van a creer. Por eso, amigos, rasquémosle a la historia. Por favor, compartamos experiencias de cómo nos ha ido con las privatizaciones. Hablemos de los amiguitos de Salinas, del señor más rico del mundo, de los ilustres empresarios que compran elecciones, etcétera, etcétera. Suena ya la última campana. Adiós, México medio-soberano”.
El México de 1938 reaccionó, a nosotros, mexicanos embrutecidos, con el TLC, y reformas subsiguientes nos han hecho lo que han querido aquella élite que planea un país a la medida de sus gustos, ¿nos dejaremos?
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, hacer que nuestros gobernantes nos sirvan y no se sirvan, esclarecer los crímenes de las muertas de Juárez y del país, detener a Televisa y sus compinches.
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