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 Amnistía Internacional: “escalofriante”

Manuel Espino

Recientemente el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México presentó datos según los cuales de seguir teniendo el mismo ritmo de resultados en combate a la pobreza llevará un siglo o más resolverla.

Esta prospectiva se da en el contexto del mazazo que significó para el país ver los más recientes resultados presentados por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), según los cuales 500 mil mexicanos cayeron en la pobreza durante los últimos dos años del calderonato y aumentó el porcentaje de mexicanos que padecen carencias básicas.

Siguiendo los datos del Coneval, hoy en nuestra república hay 53.3 millones de personas en pobreza, a las cuales se suman 33.6 millones en riesgo de caer en la misma situación. Palabras más, palabas menos, sólo uno de cinco mexicanos vive sin la amenaza de sufrir carencias humanas básicas, situación calificada por Amnistía Internacional como “escalofriante”.

Incluso sabiendo dónde se localiza primordialmente este problema no se han subsanado por lo menos sus más débiles puntos ni se ha protegido a quienes más afecta. La pobreza sigue localizándose de manera más acendrada en el sureste (Chiapas, Guerrero, Oaxaca) y afectando primordialmente a las personas que desde hace décadas sabemos son las más vulnerables: la mujer, el indígena, el niño, el adolescente y el mexicano del medio rural.

Es un desafío frente al cual el Estado mexicano en su totalidad se ha visto impotente. No se trata de un problema de partidos, que en los diversos órdenes de gobierno han tenido la oportunidad de llevar a la práctica lo que sus ideologías les dictan, con resultados insatisfactorios.

La raíz de esta incapacidad está, como tantos otros problemas nacionales, en que gran parte de la clase política nacional actúa con visión de grupo y no de país, con la mirada puesta en las urnas y no en el bienestar nacional.

Ahí están como muestra las polémicas alrededor de un programa que no puede tener un objetivo más loable: la Cruzada Nacional Contra el Hambre. Por supuesto que como todo esfuerzo humano tiene sus yerros, pero más que perfeccionarla, más que nutrirla, diversos grupos tienen en llano interés en sabotearla.

Si no queremos que pase ese siglo de resultados magros del que ha hablado el doctor Narro, tenemos que comenzar precisamente por reconocer que se trata de un problema de todos, todos los mexicanos, ante el cual independientemente de nuestra visión política tenemos que hermanarnos, buscando soluciones programáticas, no ideológicas.

Se trata, pues, de un problema eminentemente político, que se nutre de la división y las posturas confrontacionales. La solución no estará en la izquierda ni en la derecha, sino en la unión de las manos de todos. Tampoco en el triunfo de un grupo sobre otro, sino en la reconciliación y la concertación, que son el único camino para alcanzar la justicia social por la que clama México.

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